Entrevista a Alba Sebastián - En Halloween, ¿por qué hay personas que disfrutan del miedo mientras otras sufren?

Aprovechamos la celebración para hablar de esta emoción, de sus funciones y de los rasgos de personalidad que hay tras las diferentes formas de experimentarla.

La celebración de Halloween gana adeptos en España. Su origen se ubica en los pueblos celtas europeos, para los que el 31 de octubre marcaba el fin de la cosecha, el final de los días con más luz, y “una noche mágica ligada a la muerte” en la que las puertas con otro mundo se abrían para que los difuntos visitaran a los vivos.

En la primera mitad del S.XIX, inmigrantes irlandeses llevan esta tradición a Estados Unidos y Canadá. La celebración sufre cambios hasta llegar a lo que hoy en día conocemos y se ha importado a España: disfraces terroríficos y dulces. El miedo es el eje de la noche del 31 de octubre, en esta emoción nos hemos centrado a la hora de entrevistar a la vocal de la Junta del COPCV y psicóloga general sanitaria, Alba Sebastián.

 

¿Qué es el miedo?

El miedo es una emoción básica y, por lo tanto, un proceso que nos prepara para adaptarnos y responder al entorno. Es una emoción universal y está presente desde que somos muy pequeños. Todas las emociones básicas tienen una función. En el caso del miedo, es la supervivencia y se activa cuando hay un peligro ante nosotros, para protegernos.

Todos los miedos van siendo moldeados desde muy temprano por lo que sucede a nuestro alrededor, y el origen de muchos de ellos es innato; están grabados en nuestros genes, pues resultan importantes para la supervivencia de nuestra especie. Algunos de los miedos más comunes son, por ejemplo, el miedo a los ruidos fuertes, a la oscuridad, a las alturas y caídas, a los extraños, y a determinados animales.

 

Halloween se plantea como una fiesta nocturna. ¿Por qué la oscuridad suele ser objeto de miedo o de noche, nos sentimos más inseguros/as?

Efectivamente, uno de los miedos más comunes es a la oscuridad, sobre todo en la infancia, pero es una parte normal desde el punto de vista del desarrollo. Es un miedo que podríamos decir que llevamos “de serie”, que está en nuestros genes; que la selección natural, a lo largo de la historia, nos ha ido moldeando para desarrollarlo, para hacer frente a situaciones peligrosas y ayudarnos a sobrevivir.

En el caso del miedo a la oscuridad, pensemos que la idea es: si hay aquí hay un peligro, lo más probable es que no pueda verlo, por lo tanto, voy a esconderme o a salir de aquí. Esta respuesta les sirvió a nuestros antepasados y nos sigue sirviendo a nosotros.

La oscuridad también la relacionamos con la incertidumbre y lo desconocido y esto, generalmente, a la mayoría de las personas nos provoca malestar. De ahí que muchas veces, si empezamos a sentir mucho malestar, y si pensamos en el miedo a la oscuridad que nos viene cuando nos vamos a dormir por la noche, podamos hacer conductas como encender la luz o taparnos con la manta hasta la cabeza, porque son formas encontrar algo de seguridad que nos ayude a reducir ese malestar.

 

¿Por qué hay personas que disfrutan con escenas e imágenes de miedo mientras que otras, aunque sepan que no son reales, no las soportan?

Quizás esto tiene que ver en cierta medida con los rasgos de personalidad. Según el Modelo de los Cinco Factores (Costa y McCrae, 1999), uno de los rasgos principales es el que se conoce como “apertura a la experiencia”. Las personas que puntúan alto en este factor suelen ser personas con un amplio rango de intereses, imaginativas, creativas, atrevidas... Por lo general, suelen ser personas que disfrutan más con la búsqueda de sensaciones. Además, sabemos que el miedo origina cambios a nivel fisiológico, produciendo, entre otros, un aumento del ritmo cardíaco y la presión arterial, y finalmente un aumento de los niveles de adrenalina y dopamina, lo que acaba generando una sensación de bienestar. Puede que sea un conjunto de es todo esto, lo que nos hace disfrutar, por ejemplo, viendo películas de miedo.

Si seguimos en la línea de buscar una explicación desde los rasgos de personalidad es posible que pensar en el rasgo de neuroticismo o inestabilidad emocional, nos ayude a entender por qué hay personas que disfrutan menos o no disfrutan con escenas o imágenes de miedo. Las personas con un rasgo elevado de neuroticismo, suelen mostrar mayor inestabilidad emocional, ser más inseguras y responder con mayor ansiedad y angustia ante situaciones estresantes, mostrando dificultades para volver a un estado normal después de la activación que les provocan estas situaciones. Entonces, aunque sean conscientes de que las imágenes no son reales, la incomodidad que les genera lidiar con la respuesta emocional, a nivel fisiológico, cognitivo y expresivo, les hace evitar este tipo de material.

 



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