Entrevista a Alexander Rose, psicólogo: 'Recuperar un bosque, es recuperar un espacio de identidad, de encuentro y de bienestar para quienes lo habitan'

Hablamos con el compañero sobre las consecuencias psicológicas de los incendios y la relación emocional que los seres humanos establecemos con la naturaleza. Rose además nos explica conceptos como el de solastalgia y ecoansiedad.

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 Foto generada con IAFot

 

Debido a los incendios la Comunitat Valenciana afronta una de las situaciones más graves de los últimos años. Según los últimos datos oficiales difundidos por la Generalitat Valenciana y la Delegación del Gobierno, el fuego ha quemado ya a más de 7.000 hectáreas, obligando a evacuar o confinar a miles de personas en numerosos municipios de la provincia de Castellón. En las labores de extinción participan cientos de efectivos terrestres, la Unidad Militar de Emergencias (UME) y una treintena de medios aéreos, mientras las previsiones apuntan a una posible estabilización del incendio si las condiciones meteorológicas continúan siendo favorables (la humedad ha aumentado y la fuerza del viento ha disminuido).

Además de la devastación ambiental y de las pérdidas materiales, los incendios traen consigo consecuencias psicológicas para quienes los sufren. La evacuación precipitada, el miedo por la propia vida y la de los seres queridos, la destrucción parcial o la pérdida del hogar, así como la transformación del paisaje, están asociados a estados de nerviosismo, rumiación, estrés y ansiedad, incluso después de que se extingan las llamas.

Con motivo de esta emergencia, hemos conversado con Alexander Rose, psicólogo general sanitario, especializado en intervenciones terapéuticas basadas en la naturaleza. En esta entrevista explica por qué el contacto con los entornos naturales constituye un importante factor de protección para la salud mental, analiza el impacto psicológico de los incendios incidiendo en lo que supone perder estos espacios naturales. Rose explica conceptos como la solastalgia y la ecoansiedad.

El compañero señala que, tras un incendio de estas características, la reconstrucción tiene que contemplar tanto la recuperación medioambiental y forestal, como la parte psicológica y emocional de las personas afectadas.

 

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Alexander Rose CV11531
Psicólogo general sanitario, especializado en intervenciones terapéuticas basadas en la naturaleza; miembro fundador Adventure Therapy Europe; director del Grupo Terapia Aventura.
 
 
 ENTREVISTA
A nivel emocional, ¿qué beneficios nos aporta estar en contacto con la naturaleza?

Diversos estudios han puesto de manifiesto que el contacto con la naturaleza puede contribuir de forma significativa al bienestar emocional. Entre los efectos descritos con mayor frecuencia se encuentran la reducción del estrés, la ansiedad y la rumiación, así como una mejora del estado de ánimo y de la capacidad para regular las emociones. Estos cambios se han relacionado con respuestas fisiológicas como la disminución de los niveles de cortisol o una mayor activación del sistema nervioso parasimpático, favoreciendo estados de calma y relajación (Ulrich et al., 1991; Bratman et al., 2015; Twohig-Bennett & Jones, 2018).

Asimismo, la exposición a entornos naturales parece favorecer la recuperación de la atención tras periodos de fatiga mental y facilitar procesos de reflexión personal. Además, diferentes investigaciones sugieren que este tipo de experiencias promueven emociones como el asombro, la gratitud o la sensación de conexión con el entorno, aspectos que se han asociado con mayores niveles de bienestar psicológico y resiliencia (Berman et al., 2008; Capaldi et al., 2015; McEwan et al., 2020).

En conjunto, estos hallazgos respaldan el creciente interés por incorporar la naturaleza como un recurso complementario en la práctica psicológica: la evidencia disponible indica que los entornos naturales pueden facilitar procesos como la regulación emocional, el autoconocimiento y el abordaje de experiencias difíciles, actuando como un contexto que favorece el bienestar y potencia el trabajo terapéutico (Annerstedt & Währborg, 2011; Bratman et al., 2019; Saeedy Robat et al., 2026).

Yo recomendaría la lectura de Saeedy Robat, E., et al. (2026). A systematic overview and second-order meta-analysis of nature-based interventions for stress, anxiety and depression. Nature Human Behaviour.

Es la revisión de mayor nivel de evidencia disponible hasta la fecha. Analiza metaanálisis previos y concluye que las intervenciones basadas en la naturaleza producen mejoras consistentes en estrés, ansiedad y depresión, aunque señala la necesidad de continuar mejorando la calidad metodológica de algunos estudios.

Teniendo en cuenta el contexto actual tanto en la Comunitat como a nivel nacional e internacional, donde los incendios están devastando zonas forestales, ¿qué puede suponer emocional y psicológicamente su deterioro o pérdida?

La destrucción de espacios naturales supone la desaparición de lugares con los que muchas personas mantienen un vínculo afectivo o incluso de identidad. Clásicamente se puede hablar de duelo, lo que puede generar sentimientos de tristeza, impotencia, rabia... Además, en los últimos años, ha aparecido el concepto de solastalgia (del filósofo australiano Glenn Albrecht), que hace referencia al malestar experimentado cuando el entorno natural que forma parte de nuestro hogar se deteriora o desaparece.

En el caso de los incendios forestales, estas consecuencias suelen intensificarse y pueden vivirse como una experiencia traumática. Cuando el fuego avanza con rapidez, amenaza la vida propia o la de otras personas, obliga a evacuar de forma repentina o provoca pérdidas humanas y materiales, las personas pueden sentirse desbordadas, sin control y en una situación de peligro extremo. A partir de ahí, no es extraño que aparezcan respuestas propias del trauma, como miedo intenso, sensación de irrealidad, recuerdos intrusivos, hipervigilancia, evitación de todo lo relacionado con el incendio o una tristeza muy profunda asociada a la pérdida.

Además, el impacto no se limita al momento del suceso. La destrucción de la vivienda, del entorno cotidiano o de espacios cargados de significado puede reactivar el dolor y dificultar la recuperación emocional, sobre todo cuando el incendio ha supuesto también la pérdida de seres queridos o de la sensación de seguridad básica. En estos casos, el trauma no afecta solo a la persona de manera individual, sino también a la comunidad, que puede quedar marcada por el miedo a que vuelva a ocurrir y por la dificultad para reconstruir la confianza en el entorno.

Por este motivo, la recuperación tras un gran incendio no consiste únicamente en restaurar el ecosistema desde un punto de vista ambiental. También implica acompañar el proceso de recuperación emocional de las personas y favorecer, en la medida de lo posible, la reconstrucción del vínculo con el territorio. Recuperar un bosque o un paisaje es también recuperar un espacio de identidad, de encuentro y de bienestar para quienes lo habitan.

Esperamos que las expectativas de los profesionales que trabajan en su extinción se cumplan, y en poco tiempo, el incendio esté controlado y sofocado. Esto supondría que las personas desalojadas, volverán a sus hogares poco a poco. ¿Qué supone seguir viviendo en su casa pero con un paisaje completamente diferente?

Muchas personas deciden vivir en este tipo de entornos naturales porque encuentran en ellos tranquilidad, belleza, contacto con la naturaleza y un fuerte sentimiento de pertenencia. Cuando un incendio u otra catástrofe natural transforma ese entorno desaparece también un lugar significativo. Esta pérdida puede dar lugar a un proceso de duelo, similar al que se experimenta ante otras pérdidas importantes, ya que implica despedirse de un paisaje y de una forma de habitar el lugar que difícilmente volverán a ser los mismos.

Continuar viviendo en ese mismo entorno, pero rodeado de un paisaje devastado, puede dificultar la elaboración de ese duelo y la recuperación emocional. El paisaje deja de ser un refugio para convertirse en un recordatorio constante de la tragedia, reactivando emociones como el miedo, la tristeza, la impotencia o la incertidumbre. En las personas que han vivido el incendio de forma directa, especialmente si han existido situaciones de peligro extremo, evacuaciones, pérdidas materiales o fallecimientos, estas señales pueden mantener activas respuestas propias del trauma, como la hipervigilancia, los recuerdos intrusivos o el temor persistente a que el incendio vuelva a repetirse.

Además, la recuperación del entorno natural es un proceso muy lento. Mientras el bosque tarda años, e incluso décadas, en regenerarse, las personas conviven diariamente con las huellas del incendio, lo que puede prolongar tanto el duelo como el impacto traumático. Por ello, la recuperación tras un gran incendio no debería centrarse únicamente en restaurar el ecosistema, sino también en acompañar los procesos de duelo y recuperación psicológica de las personas y las comunidades afectadas, favoreciendo la reconstrucción del vínculo con un territorio profundamente transformado.

El término ‘solastalgia’ es relativamente nuevo, no está considerado un trastorno pero ¿qué características o síntomas se pueden identificar en la persona?

El término solastalgia fue propuesto por el filósofo y profesor australiano Glenn Albrecht en 2005 para describir el malestar emocional que experimentan las personas cuando el entorno natural que consideran su hogar se deteriora o desaparece como consecuencia de procesos como incendios forestales, minería, sequías o el cambio climático: el dolor de permanecer en este lugar mientras deja de ser el lugar que conocíamos.

Solastalgia es un concepto filosófico empleado en la psicología ambiental, y carece de entidad nosológica por lo que no se recoge como trastorno en manuales diagnósticos. El concepto trata de describir el impacto psicológico que puede tener la degradación del entorno sobre las personas y las comunidades.

Las personas que experimentan solastalgia suelen describir sentimientos de tristeza, pérdida, impotencia, rabia o ansiedad al contemplar la transformación de un paisaje con el que mantenían un fuerte vínculo emocional. También puede aparecer sensación de desarraigo, preocupación constante por el futuro del entorno o dificultades para reconocer el lugar donde viven como un espacio seguro y familiar. En situaciones especialmente graves, como grandes incendios forestales con pérdidas humanas y materiales, estas reacciones pueden coexistir con procesos de duelo o con síntomas relacionados con el trauma.

Las lluvias intensas, las barrancadas, los incendios, olas de calor…Todo ello también ha llevado a hablar de ‘ecoansiedad’.

El término ecoansiedad comenzó a utilizarse hace algo más de dos décadas para describir el malestar emocional relacionado con la crisis climática y el deterioro ambiental. Aunque no tiene un único autor, fue la American Psychological Association (APA) la que contribuyó a popularizarlo en 2017 al definirlo como el miedo crónico a una catástrofe ambiental. Actualmente, investigadores como Panu Pihkala prefieren entender la ecoansiedad como una respuesta emocional normal y comprensible ante una amenaza real, y no como un trastorno mental.

La ecoansiedad puede aparecer cuando somos conscientes de las consecuencias del cambio climático, como los incendios forestales, las inundaciones, las olas de calor o la pérdida de biodiversidad. Suele manifestarse como preocupación por el futuro, incertidumbre, tristeza, rabia o una sensación de impotencia. Habitualmente, estas emociones no interfieren en la vida cotidiana e, incluso, pueden ayudar a adoptar hábitos más sostenibles o implicarse en la protección del planeta.

Sin embargo, cuando esa preocupación es muy intensa o persistente, puede afectar al bienestar psicológico, especialmente en personas que ya han vivido un desastre ambiental. Quienes han experimentado un gran incendio forestal, una inundación o cualquier otro evento que haya puesto en peligro su vida o la de sus seres queridos pueden desarrollar respuestas propias del trauma, como hipervigilancia, miedo constante, recuerdos intrusivos o una sensación permanente de que el peligro puede repetirse. En estos casos, cada nueva ola de calor, cada aviso meteorológico o cada columna de humo puede reactivar el malestar y aumentar la percepción de vulnerabilidad.

La ecoansiedad puede intensificarse cuando se combina con la experiencia traumática, ya que la amenaza deja de ser una posibilidad futura para convertirse en algo que la persona ya ha vivido. En estos casos, conviene acudir a un/a profesional de la psicología cuando la preocupación o el miedo empiezan a ser muy intensos, persistentes o interfieren en la vida diaria, por ejemplo, si dificultan el sueño, la concentración, el descanso o la capacidad para disfrutar del presente. También es recomendable pedir ayuda si aparecen recuerdos intrusivos, hipervigilancia, sensación constante de peligro, evitación de situaciones relacionadas con el incendio o una tristeza y desesperanza que no remiten con el tiempo.

Textos de referncia:

American Psychological Association, & EcoAmerica. (2021). Mental Health and Our Changing Climate: Impacts, Inequities, Responses. Washington, DC.

Panu Pihkala (2020). Anxiety and the ecological crisis: An analysis of eco-anxiety and climate anxiety. Sustainability, 12(19), 7836. https://doi.org/10.3390/su12197836

 

 

 

 

 

 

 



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