Óscar Ventura: 'Los logros terapéuticos del Psicoanálisis son irreversibles'

El psicoanalista estará el próximo miércoles 4 de octubre, en la sede del COPCV de Alicante, ofreciendo una conferencia sobre el Pase (actividad gratuita previa reserva de plaza). En esta entrevista realizada por el Col·legi, Ventura repasa y reflexiona sobre la Historia, los logros, las limitaciones y los fundamentos del Psicoanálisis.

Dado que no es un dispositivo obligatorio, ¿Qué le llevó a hacer El Pase?

Hacer el pase se me impuso como una necesidad lógica de mi experiencia como analizante  y de mi práctica como psicoanalista. Pensaba que tenía algo para transmitir de todo eso y que podía compartirlo con la comunidad analítica. Tuve la suerte de encontrarme con una respuesta afirmativa a mi demanda de pase. Y aquí estoy transitando estos tres años como AE (Analista de la Escuela) para dar cuenta de lo que para mí es la relación al Psicoanálisis, a la Escuela a la cual pertenezco, y al conjunto amplio de los clínicos que se orientan hacia la práctica del Psicoanálisis. 

 

Para devenir psicoanalista no basta con la formación continuada. Es imprescindible la supervisión de los casos que el psicoanalista dirige, y el análisis personal del psicoanalista, ¿en que se fundamenta esta última exigencia ética?

En la pregunta se nombra el trípode clásico en que se sostiene la formación de los psicoanalistas. Esto es así desde que los psicoanalistas, hace ya más de un siglo, han estructurado sus propias instituciones. Actualmente, este modelo, con sus variaciones en la historia del movimiento psicoanalítico, aún se mantiene, y se ha mostrado hasta cierto punto efectivo.

No obstante este trípode también ha mostrado sus límites. Hay que incluirle un cuarto elemento que es el aporte fundamental de Jacques Lacan y que ha permitido una rectificación fundamental en lo que concierne a la formación de los analistas. Me refiero al concepto de Escuela, distinta a las asociaciones clásicas en las que se han reclutado los analistas. La Escuela es el lugar donde se aloja una pregunta que ningún psicoanalista que se autorice como tal, puede dejar de formularse y que pone el acento en el deseo del analista. Es decir, qué es aquello que ha empujado a cada cual a la práctica del Psicoanálisis, de qué naturaleza es ese deseo, y cómo éste se ha escrito en la vida de alguien que elija el Psicoanálisis como profesión.

Estas cuestiones se pueden ampliar al conjunto de las elecciones que alguien hace en su vida, si no retroceden ante esta interrogación se sorprenderían de lo que encuentren. Qué tipo de pasión empuja a cada cual a elegir una cosa y no otra, es una pregunta muy pertinente para los psicólogos en general.

Sobre esta pregunta avanza el Psicoanálisis. Se hace existir al Psicoanálisis en el mundo a partir de que los psicoanalistas no ceden en su empeño por una reformulación constante por el deseo que los habita de cómo se inscribe en la subjetividad de la época que nos toca transitar. Actúa de brújula para operar con eficacia en los síntomas, en el sufrimiento concreto de los que demandan ayuda. Sobre esta pregunta está estructurada también la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP) que contiene en su seno siete escuelas con miles de miembros en todo el mundo.

 

Por tanto, ¿se trata de una única pregunta pero con múltiples respuestas?

Exacto, no tiene una repuesta estándar. La repuesta que se obtiene no es homologable a un conjunto, sino que esa repuesta es uno por uno. Y solo así, los psicoanalistas pueden asociarse y conversar, curar y darle un estatuto más digno al sufrimiento de cada cual. No hay ninguna solución estándar para el sufrimiento psíquico, para lo que se llama enfermedad mental, ni protocolo puede decir nada sobre la psicopatología. Cada paciente es único y el análisis apunta a lo más íntimo de ese uno apuntando directamente a la causa del malestar.  En este sentido, el Psicoanálisis es una experiencia hecha a la medida de cada cual que le permite encontrar soluciones a medida, recurriendo a sus propios recursos.

Se trata de una técnica con una elasticidad impresionante, de una potencia de adaptación a situaciones singulares inédita. En una práctica sin estándar pero con principios muy claros, muy concretos y muy rigurosos que orientan al practicante. Es una cuestión de sentido común. Cómo una persona podría enfrentarse a los síntomas, la angustia, las fantasías, las inhibiciones, las crisis de todo tipo con las que nos enfrentamos cotidianamente si no tenemos un saber suficiente sobre nuestros propios síntomas, sobre nuestra relación con la angustia, sobre nuestros propios fantasmas, etc...  Cómo podríamos tomar distancia para operar verdaderamente sobre lo real del sufrimiento si no estamos advertidos sobre  las consecuencias, los impactos que en nosotros mismos provoca estar en contacto con las tramas inconscientes en las que esos sufrimientos están intrincados. Bajo qué argumentos podríamos sostener nuestra efectividad terapéutica si desconociéramos los mecanismos psíquicos que operan en la génesis de los síntomas más allá de la teoría, sino que los podamos haber encarnados y resuelto lo suficiente para que ellos no obstaculicen la dirección de la cura que llevamos adelante con cada paciente. De qué forma podríamos ofrecerle a cada persona su solución sin contaminarla con lo que nosotros supondríamos que es lo mejor para un sujeto. La experiencia del análisis es en sus fundamentos, una experiencia de desindentificación. Es una experiencia de diferencia absoluta que es imposible dirigir si no se pone en juego la radicalidad de un acto que oriente al sujeto a no ser esclavo de nadie, fundamentalmente de sí mismo.

No hay soluciones universales. Estas cuestiones Freud las estableció muy rápidamente cuando verificó el obstáculo que significaba el Pathos de cada uno para poder operar de la manera más neutral posible. Él utilizaba la metáfora de la cirugía, que evoca cierta asepsia, estar lo suficientemente liberados de los prejuicios, de los ideales, del empuje a querer el bien del otro. Curarse del furor curandis es un principio elemental para el ejercicio del Psicoanálisis. No podemos orientarnos por estándares de normalidad, de adaptación, de educación, de sugestión. Más bien debemos estar atentos a la dosis de locura que habita en cada cual, al rasgo que lo diferencia y lo hace único.

Probablemente son estas cuestiones las que hacen que cada vez, con más frecuencia nos encontremos con demandas de colegas que ejercen algún tipo de práctica clínica que no está orientada por el Psicoanálisis y que demandan realizar la experiencia de un análisis a no ser tan solo por la angustia y a veces la impotencia que aparece cuando en un encuadre terapéutico deben enfrentarse a situaciones que movilizan sus propias defensas, sus propios temores, sus síntomas.... Seguramente tendremos la oportunidad de extendernos sobre estas cuestiones en la conversación del miércoles. 


¿Bajo qué circunstancias de su análisis personal, se autorizó para sostener una práctica como psicoanalista?

En mi caso fueron muchos años de análisis personal. Mi relación con el Psicoanálisis se inscribió muy tempranamente, en mi adolescencia. Y fue allí, a partir del encuentro con una analista a la que consulte a partir de una crisis de la adolescencia más bien compleja que descubrí el rigor del Psicoanálisis, su eficacia, su sutileza para orientar al adolescente más bien atormentado que yo era. Esta impronta dejó una marca que hizo decidir mi vocación por decirlo así. Me inclinó hacia la carrera de Psicología y al mismo tiempo hacia la formación en Psicoanálisis.

Un Psicoanalista es alguien que está sujeto al estudio de un conjunto de disciplinas, la literatura, la antropología, la sociología, la lingüística, por supuesto la psiquiatría, la psicopatología tanto clásica como contemporánea, La parte de formación académica de los psicoanalistas es muy amplia, no estudiamos solamente Psicoanálisis, estamos atentos al conjunto del movimiento de la civilización, de la cultura.

También tuve una práctica clínica muy precoz, orientada por el Psicoanálisis aplicado en las instituciones. Hice mi residencia clínica en un hospital psiquiátrico durante tres años y seguí trabajando allí. Desde entonces nunca abandoné la práctica clínica orientada por el Psicoanálisis.

Pero hay un momento concreto que transcurre durante el tercer análisis. Un momento clave que despeja definitivamente la cuestión de la autorización. Es el momento en que una intervención, en que una interpretación produce un efecto de desidentificación radical. Y experimentó entonces una nueva posición como analista. Un vaciamiento que tiene efectos en mi práctica y en mi vida. Y que me permite una liviandad y una plasticidad clínica inédita. Mi caso estaba teñido por la presencia de un rasgo melancólico de mi subjetividad que se construye muy temprano en mi vida. Cuando ese rasgo que muchas veces funcionaba como obstáculo para esas cosas cae. Entonces se produce ese momento de pasaje. De autorización y algo se renueva en muchos niveles. En el testimonio que haré en el colegio me detengo en las vicisitudes concretas de esto.  


¿Cómo pudo reconocer usted, en su propio análisis, el momento de concluir?

Es un momento de entusiasmo, de tomar absoluta conciencia que siempre hay algo de incurable en el ser humano, de aceptación y de consentimiento a lo que uno es, y con eso hay que arreglárselas. Uno utiliza los recursos que estaban atascados, detenidos en la neurosis y los pone a funcionar en otra dirección, algo se libera y lo que antes era por ejemplo mortificación, se vuelve más bien entusiasmo y buen humor.

En mi caso la ironía y el humor son dos cuestiones que me han servido para aceptar la inconsistencia del mundo, la vida, y el trabajo. Hay una pérdida de la dimensión trágica de la existencia que en mi caso tenía un peso muy grande. Hay una relativización del dramatismo que da la posibilidad de hacer mutar la tragedia en comedia. En mi caso se despeja el exceso de dramatismo y esto vuelve las cosas mucho más livianas teniendo consecuencias fundamentales sobre la práctica clínica.

En el momento de concluir uno tiene la certeza de que ya no es necesario introducir más sentido a la existencia y que en la vida no hay ningún destino escrito. Que las cosas se orientan más bien por la contingencia, por la sorpresa, y uno deja que el cuerpo acompañe la buena forma de este sin destino. Al no saber jamás lo que va a ocurrir en los próximos cinco minutos, te dejas sorprender por lo negativo y por lo positivo. No hay tiempo para las tonterías cotidianas donde tantas veces nos enredamos generando el exceso de sufrimiento que mortifica y que vuelve gris la cotidianidad. 



En su práctica clínica como psicoanalista ¿qué efectos ha tenido la finalización de su análisis?

Fundamentalmente de entusiasmo. Que en mi opinión es una de las mejores formas de presentación del afecto, de una disponibilidad distinta para el trabajo, para el lazo social.

Finalizar el análisis es una decisión que puede llevar su tiempo. Pero los efectos son ya una certeza antes de la separación real de las sesiones. Están instalados en la subjetividad. Y también uno sabe que hay restos, que no hay un happy end porque no existe como tal sino más bien, hay una forma bastante definida de cómo uno se las arregla con las cosas fundamentales de la vida porque ha pactado de alguna manera más satisfactoria que antes y hasta donde se pueda, la relación que se tiene con el amor, con la sexualidad, con el deseo, con la muerte. Al final son muy pocas cosas las fundamentales y se trata de cómo hacer con ellas de la mejor manera.

Freud daba la fórmula más sencilla: la capacidad de amar y trabajar satisfactoriamente a pesar de las molestias cotidianas grandes o pequeñas que la vida inevitable tiene. Lacan lo definía también de una forma muy sencilla cuando fue interrogado sobre esto en el transcurso de una conferencia dictada en Baltimore, decía que era el momento donde uno se sentía más o menos bien bajo la piel que habita, cuando uno estaba todo lo a gusto que uno puede estar con su vida.  No hay demasiado misterio en los efectos que se esperan al final de un análisis. 

 

¿Qué enseñanzas se pueden extraer de una clínica del Pase?

Para mí el pase fue siempre una orientación clínica fundamental. Siempre tuve un interés muy especial por la historia del Psicoanálisis. Y el pase es un dispositivo que está instalado hace ya 50 años, en el año 1967. En octubre justamente, se cumplen 50 años de la experiencia del pase puesta en acto en aquel momento por la Escuela Freudiana de París a proposición de Jacques Lacan. 

Yo seguí atentamente las distintas vicisitudes que tuvo el pase en estos 50 años. Y he extraído una enseñanza de eso muy fructífera. La clínica del pase da cuenta de muchos momentos cruciales de un Psicoanálisis que orientan al practicante, ya sea de franqueamientos, de rectificación en las curas, o incluso de impasses.

Uno aprende también a distinguir con mucha claridad como cada sujeto es único. Como cada sujeto habita una soledad estructural, un desamparo propio de esta especie rara que es la humana. Y uno percibe también como a partir de ese desamparo, de esa soledad irreversible se construyen los verdaderos lazos con los otros, los que están sellados por la autenticidad. Los que no están invadidos por las formas imaginarias en las cuales uno percibe a los otros, tanto bajo el prisma de sus fantasmas, o de sus ideales sino que se establece un lazo social mucho más franco, más directo y seguramente más amable.

El Psicoanálisis es una praxis que tiene incidencias impresionantes sobre las formas en que se vehiculiza el lazo social. Y eso es uno de los efectos terapéuticos más importantes. No hay vuelta atrás. Los logros terapéuticos del Psicoanálisis son irreversibles. 


¿Recomendaría a otros/as psicoanalistas llevar a cabo el pase? 

La experiencia del pase no es bajo ningún punto de vista una experiencia obligatoria para los psicoanalistas. Se puede tranquilamente terminar un análisis y no hacer el pase. Eso no quita que haya momentos conclusivos en los que se llegue a la certeza de que un análisis ha concluido. El Pase se impone como un momento lógico del devenir de la cura.  Uno puede elegir hacerlo o no hacerlo, pero es una elección necesaria para la existencia del Psicoanálisis ya que se trata de una experiencia de transmisión para los analistas y para un conjunto amplio de clínicos.

Tiene un estatuto lógico, ocurre que uno lo quiera hacer y de esa forma apostar por mantener viva la llama del discurso analítico. Uno se presenta sin garantía ninguna ante un jurado que va a sancionar si tal o cual analista tiene algo que decir sobre la práctica del Psicoanálisis y sus efectos. De esta forma, una pequeña invención permite avanzar al conjunto de los analistas. Es nuestra forma de verificación de los efectos reales de un análisis, es como si fuera nuestro laboratorio, por eso requiere de rigor lógico que pueda ser transmitido.

Pienso que el pase se impone en un momento de la cura. Y la decisión de dar el paso para hacer de esa enseñanza, transmisión, es una decisión que concierne a la relación que cada uno haya establecido con la causa del Psicoanálisis. Sin duda, volveremos sobre este tema, en la conversación del miércoles 4 de octubre en el COPCV de Alicante. 

 

INFORMACIÓN E INSCRIPCIÓN: CONVERSACIÓN SOBRE EL PASE, miércoles 4 de octubre en el COPCV Alicante

 

Más información: https://www.cop-cv.org/formacion/

 

Sede Alicante: Avda. General Marvá, 16, 1º - 03004 Alicante

Teléfono: 96 521 11 85       E-mail: copcv-alacant@cop.es

 



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