Dos años tras la dana: Psicología, acompañamiento y recuperación (1ª Fase)

Asia Kilani, psicóloga experta en Emergencias y Catástrofes: 'para intervenir en este tipo de situaciones no basta con disponer de las nociones de la carrera, e incluso de otras especialidades, hay que saber de supervivencia en entornos hostiles y no convertirse en un problema más para los servicios de rescate'.

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Asia Kilani Martínez
Psicóloga especializada en intervención psicológica en emergencias y catástrofes, presidenta de EIPEC - Equipo de Intervención Psicológica en Emergecias y Catástrofes. Tras la dana del 29 de octubre de 2024 participó en la primera fase de la Plataforma DANA Acción Directa del COPCV, interviniendo en la atención a la población afectada y en la coordinación de la respuesta psicológica. 
La entrevistamos para conocer su experiencia y valoración profesional tras dos años de la barrancada.
 ENTREVISTA
¿Desde el punto de vista de la Psicología de emergencias, ¿dirías que la dana ha sido un punto de inflexión y ha cambiado algo profesionalmente: protocolos, la manera de intervenir, etc.? 

Por desgracia, España ha sufrido anteriormente catástrofes traumáticas que han marcado la intervención psicológica en emergencias. Es cierto, que a pesar de que anteriormente se han experimentado también catástrofes naturales, la dana ha sido una de las más grandes y especialmente dramática por las consecuencias personales que se podrían haber evitado y/o disminuido. Por lo que sí, ha supuesto un punto de inflexión y un reto para nuestra especialidad.


Siempre que sucede una intervención psicológica en el ámbito de las emergencias, aprendemos aspectos nuevos de la intervención que nos ayudan a mejorar nuestros protocolos y si en el futuro vuelven a suceder catástrofes, ser un poco más eficaces y eficientes que la anterior intervención; si bien, volveremos a aprender de la nueva para futuras.


En el caso de la barrancada del 29 de octubre de 2024, partimos de toda nuestra formación y profesionalidad, y nos las ingeniamos para dar respuesta a una situación que nunca habíamos imaginado aquí en España. La profesionalidad con la que se trabajó desde el COPCV, el empeño que pusimos todas y todos los profesionales que formamos parte de la Plataforma Dana Acción Directa y las personas que componen cada equipo que intervenimos, fue marcada por un ingenio increíble, que no habría sido posible sin la calidad humana y profesional de los que estuvimos desde el primer momento, las psicólogos y psicólogas que estuvieron después y que aún continúan.

Ahora bien, el principal reto es que las administraciones públicas adquieran la seriedad y compromiso que requiere nuestra sociedad para mantener de forma continua la capacidad de dar una respuesta psicológica en el ámbito de las emergencias. No sirve acordarse de esta especialidad cuando la catástrofe ha llegado.

Hay que trabajar con calma desde la calma: formar y crear una cultura de la emergencia en la población para ayudar a las personas a ser resilientes.


Las catástrofes seguirán sucediendo (y las naturales en España continuarán si se atiende a lo que indican los expertos), pero sin programas estables, bien definidos y llevados a cabo por profesionales especialistas en el ámbito de las emergencias, para la población será más difícil afrontar futuras situaciones. Incluso tras una vivencia de alto impacto emocional como es una DANA, una parte importante de la población puede generar inseguridades que aparezcan en situaciones que sólo sean dificultades, sin necesidad de ser otras catástrofes.

 

Hasta la fecha, los equipos de Emergencias y Catástrofes, habéis comentado que estábais sobre el terreno un máximo de 72 horas pero esto, tras la barrancada se alargó, ¿por qué?

En efecto, la psicología de emergencias actúa ante una emergencia, catástrofe o desastre. De por sí todas estas situaciones implican un alto impacto emocional que afecta a la población en mayor o menor media y desabastece de recursos en mayor o menor medida. De hecho, el impacto y el desabastecimiento de recursos, por dar una explicación sencilla y resumida, es lo que determina que una situación sea catalogada como emergencia, desastre o catástrofe.


Según estas características, lo habitual en nuestras intervenciones es estar entre 24-72h, porque nuestra función principal es apoyar tanto psicológicamente como emocionalmente a las personas que se ven afectadas para:
 

 

- Soportar el primer impacto de la situación.


- Ayudar a las personas a identificar sus propios recursos resilientes para superar la situación.


- Tratar de disminuir el colapso que puedan sufrir los servicios públicos (sociales, sanitarios) por una situación extraordinaria.


- Identificar aquellos casos que van a precisar el apoyo profesional continuado en el tiempo y, por lo tanto, realizar por nuestra parte el contacto con los profesionales adecuados para la derivación de urgencia.


- Según la situación, hemos de orientar y apoyar a profesionales que por su situación, deben continuar trabajando, pero no están acostumbrados a lidiar con situaciones de tanto impacto.

En la dana, los tiempos fueron muy superiores a lo habitual (zona 0 durante algo más de un mes, y apoyo e intervención con entidades específicas durante más de 2 meses), porque fue tal la magnitud y destrucción de la catástrofe, que ya de entrada fue difícil acceder a las personas afectadas antes de esas 72 horas, y como es lógico, cuando el ser humano lo ha perdido casi todo, lo primero que hay que hacer es cubrir las necesidades básicas.

Por ello, nuestra primera intervención fue dirigida en la medida de lo posible, a apoyar y sostener a todas las personas profesionales de los ayuntamientos afectados que debían continuar trabajando a pesar de su situación (muchas de ellas víctimas también) pero que al pertenecer a los ayuntamientos, no podían dejar de dar servicio. Su valentía, profesionalidad y capacidad para estar al frente y hacer lo posible por ayudar a toda la población es más que admirable, y fue un honor poder estar al lado de muchas de esas personas/profesionales, que como es lógico, en algunos momentos necesitaban un espacio para poder ‘soltar’ todo lo que estaban recibiendo y lo que ya de por sí tenían. Desde servicios sociales, sanitarios y educativos, fuimos creando las redes de apoyo y empezando con el paso de los días a dar respuesta a la población general. Había que aprovechar el apoyo a la población para conseguir cubrir sus necesidades básicas, y al mismo tiempo realizar intervenciones en PAP (Primeros Auxilios Psicológicos) y PAE (Primeros Auxilios Emocionales), para poder evaluar las situaciones.
 

Lo cierto es que, aunque los días del calendario pasaban, la vivencia fue de estar constantemente dentro de esas 72h, sólo al final del mes en la intervención en zona 0, fue cuando empezamos a observar que las demandas que se nos realizaba ya iban más allá de nuestro ámbito. Era necesario continuar pero ya había que pasar a la Fase 2, que gracias al magnífico trabajo de organización, coordinación y conocimiento de las necesidades de las personas, se creó el protocolo por fases diferenciadas para no dejar a la sociedad afectada sola y sin cubrir sus necesidades. Desde el COPCV y la Plataforma Acción Directa, de manera humana y profesional aportamos el grano de arena que tuvimos y nos dejaron para apoyar las zonas afectadas en el proceso y su evolución. Aunque el equipo de emergencias no pudimos intervenir en muchas poblaciones, gracias al trabajo realizado desde la plataforma, con el paso del tiempo se fue conociendo las fases, y muchas más poblaciones y entidades solicitaron la intervención, lo que ha permitido que un número importante de personas afectadas por la dana, haya recibido apoyo psicológico profesional y especializado.
 

Recientemente la Comunitat ha vuelto a sufrir una nueva dana, ¿la forma de intervenir ha cambiado?

No me es posible dar respuesta pues no hemos sido activados oficialmente, al igual que sucedió en la anterior DANA. Sí bien, he de decir que sí hemos observado diferencias con la anterior por lo que a la previsión y alertas se refiere, de modo que ha disminuido bastante las pérdidas personales, siendo más bien pérdidas materiales, que no es poco.

Hay personas que ante la lluvia, una dana o un mensaje de alerta, sienten miedo o son más cautelosas, mientras que otras, lo viven con total naturalidad. Como ciudadanía, ¿corremos el riesgo de acostumbrarnos o no dar la importancia que merecen a las alertas? 

Por suerte, no experimentamos todos los días o de forma muy regular situaciones de este calibre; y también por suerte, la sociedad tiene la capacidad de superar dichas situaciones y seguir adelante especialmente, si no se vivencia en primera persona.


Sin embargo, vivimos actualmente en una sociedad que, debido a las nuevas tecnologías, nos distanciamos de las situaciones que suceden, es como si todo fuesen películas que vemos en la televisión o en cine y que "no nos van a pasar". Así mismo, considero que también nos falta una cultura y educación sobre prevención y actuación ante situaciones complejas.


Otros países, tienen políticas educativas basadas en formar a la población incluso desde la infancia, para que sepan cómo actuar en situaciones de catástrofes/desastres naturales o de otro tipo. La importancia de esta formación temprana y de gestionar a nivel social una cultura de prevención está en ayudar a la población para tener herramientas propias que minimice el impacto de los riesgos y daños que podemos llegar a sufrir ante las situaciones de emergencias. Por eso, es bueno no vivir en el miedo y no estar todo el tiempo pensando en lo malo que puede suceder, pero es muy importante tener interiorizados hábitos de seguridad que nos ayuden a reaccionar cuando sucede algo de manera que podamos protegernos y proteger a otros. Un objetivo clave sería que instaurásemos esos hábitos igual que aprendemos a andar en bici, de forma que nunca se olvida, y para ello es necesario practicar gracias a formaciones y cultura que nazca desde las políticas con proyectos consolidados en el tiempo.

 

En su día, desde el COPCV, hicimos hincapié en la importancia, tanto en Psicología como en otros ámbitos profesionales, de tener conocimientos y experiencia previa en emergencias a la hora de intervenir en situaciones de esta índole, ¿por qué? ¿cómo le explicamos a la población o incluso al colectivo de psicólogos y psicólogas que hay que estar formado para intervenir en un contexto con unas características tan concretas?

es importante estar formado en emergencias para intervenir, es importante conocer el contexto de lo que significan las intervenciones en emergencias/desastres/catástrofes. Las características básicas de las catástrofes, y a partir de ellas, en menor calibre, se definen los desastres y emergencias: una catástrofe es un suceso fatídico, inesperado y que altera el orden natural de la vida de las personas, dejando al lugar siniestrado sin recursos propios para dar respuesta a las necesidades básicas de la población afectada. Básicamente el lugar se queda sin los sistemas de primera respuesta habituales del lugar para intervenir (destruye hospitales, todo tipo de centros sanitarios, comisarías, bomberos, ayuntamientos, supermercados, farmacias...). El lugar que sufre la catástrofe precisa que acudan desde lugares no dañados para ayudar puesto que no disponen de nada.

Habitualmente las catástrofes naturales que provocan estas situaciones son inundaciones, terremotos de alta intensidad, erupciones volcánicas, huracanes, incendios, sequías... Las catástrofes provocadas por el ser humano suelen ser por las guerras.


Por lo tanto, para intervenir en estas situaciones como psicólogos y psicólogas no basta con disponer de las nociones de la carrera, e incluso de otras especialidades. Hay que tener nociones de supervivencia en entornos hostiles, hay que ir preparado para no convertirse en un problema más para los servicios de rescate. En resumidas cuentas, hay que ser un rescatista además de nuestra profesión, porque habrá situaciones en las que tendremos que apoyar y ayudar en rescates y es importante tener no sólo nociones sino formación práctica para actuar correctamente.


Así mismo, como todos, somos personas y cuando llegamos a un lugar en situación de catástrofe y vemos la devastación y el sufrimiento humano sin filtros, no nos es indiferente. El primer reto del profesional que interviene en emergencias es superar la situación que se observa y ponerse a trabajar con humanidad y profesionalidad. A partir de ahí, es muy importante el autoconocimiento y honestidad con nosotros mismos y con el equipo. No siempre estamos preparados para intervenir en alguna situación, y es importante que sepamos reconocernos y sintamos la confianza en nosotras/os y nuestro equipo para decir: "en este momento siento que no puedo intervenir", "durante la intervención de hoy he experimentado algo que me hace no poder seguir adelante, he de dejar la intervención".


El hecho de ser profesionales de la psicología, incluso especialistas en emergencias, no nos prepara para estar ahí en todo momento, y es más ayuda saber dónde podemos aportar apoyo, aunque no sea específicamente como psicólogos/as, que terminar utilizando los recursos que se crean para las personas afectadas, o incluso, no ofrecer el apoyo correcto y adecuado a las personas que necesitan nuestra intervención. Por eso, es muy importante hacer hincapié en la responsabilidad que tenemos los profesionales de nuestra área, somos necesarios pero somos los primeros que debemos saber contactar con las entidades oficiales para ofrecer nuestro apoyo; y en caso de ser rechazados, comprender que hay motivos que velan por nuestra seguridad y la de la población afectada, y eso no significa que no podamos ser de ayuda en otros aspectos.


Por lo que respecta a la población, como ya he comentado anteriormente, tener una formación en emergencias nos ayudará a saber reaccionar en la medida de nuestras posibilidades ante una catástrofe, con lo que podremos salvarnos y/o ayudar a otras personas a salvarse. También nos ayuda a tener una mentalidad resiliente que favorecerá que superemos las situaciones adversas de una manera más saludable.

En 2024 se ofrecieron muchos compañeros y compañeras de profesión como voluntarios...

Así es, y es admirable y nos sentimos muy agradecidas por todo ese interés, si bien, cuando sucede una catástrofe se necesita voluntariado, pero ha de ser regulado y coordinado.

Para nosotros, cuando trabajamos con voluntarios es imprescindible asegurar su seguridad tanto física, como psicológica y de salud y más teniendo en cuenta que trabajamos en entornos hostiles por la situación que ha generado la catástrofe, con unos protocolos muy específicos y una jerarquía necesaria. Si un equipo dispone de voluntarios, es necesario que estos conozcan las bases de la intervención para poder superar las situaciones complejas disminuyendo al máximo los riesgos. El conocimiento es fundamental en estos casos y es complicado saber si las personas que no tienen formación previa en emergencias, han adquirido habilidades básicas y conocen los riesgos y las secuelas reales a los que se van a enfrentar; y cuando estamos en una catástrofe, no es el momento de formar a más profesionales ya que los intervinientes, tenemos que estar centrados en intervenir.

Las personas que se ofrecen voluntarias sin formación previa lo hacen desde la más absoluta voluntad de ayudar y considerando que por su formación en psicología pueden aportar, pero cuando sucede la catástrofe, sin darnos cuenta, todos estamos llenos de adrenalina, y ese no es el mejor estado para formarse. Por eso, se pide una formación previa ya que el aprendizaje ha de ser desde la calma y la serenidad porque esto es lo que tenemos que ofrecer cuando llegamos al lugar de la catástrofe. Como profesionales, aportamos seguridad y orden dentro del caos si no, corremos el riesgo de ser parte del mismo caos y, por ende, del problema.


También es cierto que a veces, tener una formación previa en emergencias tampoco asegura estar preparados para la intervención en zona 0, somos conscientes de ello, y por eso, los especialistas durante la intervención estamos presentes junto con los voluntarios y somos supervisores y apoyo. Aun así, la formación previa asegura unos conocimientos mínimos que son valiosos durante las intervenciones.

A esto se suma el necesario autocuidado personal y como equipo, que debemos de realizar. Por tanto, nuestra labor no termina cuando dejamos de acudir. Los y las profesionales que no están habituadas a estas intervenciones, no siempre son conscientes de ello, por lo que arrastran a sus vidas personales las vivencias y experiencias de la catástrofe.
 

Debemos de ser responsables siempre con nuestra situación real y más especialmente, en situaciones de desastres y catástrofes además de ofrecer nuestro apoyo a través de entidades oficiales. Otros de los aspectos a tener en cuenta en que a veces desarrollaremos tareas que no son las que inicialmente teníamos pensadas, siendo conscientes que, en estas situaciones, la ayuda que se da siempre es bienvenida y necesaria.

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