El contexto educativo: clave para la prevención de la conducta suicida

Así lo afirma un estudio publicado en la revista School Mental Health y llevado a cabo por psicólogos/as.

La mayoría de los y las adolescentes pasan una cantidad importante de tiempo en clase, siendo el centro educativo uno de los principales agentes involucrados en la socialización, la educación y la promoción de un adecuado desarrollo. Asimismo, mantener un ambiente escolar seguro y de apoyo es una parte esencial de la misión general de una escuela. En este sentido, las Directrices de la OMS sobre Servicios de Salud Escolar enfatizan que la escuela es un entorno propicio para el aprendizaje de conocimientos y la adquisición de habilidades socioemocionales. Asimismo, el contexto escolar puede desempeñar un papel clave para la prevención de la conducta suicida.

Así lo afirma un estudio publicado en la revista School Mental Health y llevado a cabo por los/as psicólogos/as investigadores/as Eduardo Fonseca-Pedrero, Adriana Díez-Gómez, Alicia Pérez-Albéniz (de la Universidad de la Rioja), Carla Sebastián-Enesco (Universidad Complutense de Madrid), Beatriz Lucas-Molina (Universidad de Valencia) y Susana Al-Halabí (Universidad de Oviedo), con el objetivo de diseñar y validar el programa PositivaMente, para la prevención de conductas suicidas en adolescentes en edad escolar de 14 a 15 años en contextos escolares del Norte de España.

Tal y como recuerdan los autores de este estudio, “la conducta suicida es un problema sociosanitario público entre los adolescentes de todo el mundo”, siendo la cuarta causa de muerte entre personas de 15 a 29 años, según la OMS. En España, los últimos datos del INE sitúan el suicidio como la primera causa de muerte no natural en la población de 15 a 29 años.

Para los investigadores, el aumento paulatino de este grave problema a nivel global, pone de relieve la trascendencia de mejorar la comprensión de sus factores subyacentes y desarrollar estrategias de intervención efectivas. Cabe señalar que la conducta suicida “implica numerosas manifestaciones más allá de las muertes por suicidio”, que abarcan desde la ideación suicida (que incluiría el deseo y las ideas de muerte, la ideación y la planificación), hasta la comunicación suicida (que incluye señales tanto verbales como no verbales así como la amenaza de suicidio), y el acto suicida (consistente en intentos, autodaño con intención suicida y muerte por suicidio). En este sentido, afirman, “se trata de un fenómeno multidimensional, dinámico, plural e interactivo”.

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