El psicólogo educativo, clave para prevenir los problemas de salud psicológica en la escuela
Así lo afirma un artículo publicado en la Revista de Psicología y Educación firmado por Jesús de la Fuente, catedrático de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad de Navarra, y Andrea Ollero, vicedecana del COPCV, Doctora en Psicología Universitat de València.
Los autores defienden que un modelo común, amplio y científicamente fundamentado para prevenir los problemas de salud psicológica en los centros educativos —que reconozca explícitamente la necesidad de la figura del psicólogo educativo como profesional especializado en el contexto escolar—, supondría una ventaja clara frente al modelo actual.
Jesús de la Fuente, de la Universidad de Navarra, y Andrea Ollero, pisóloga educativa y vicedecana del COPCV, firman un artículo publicado en la Revista de Psicología y Educación en el que analizan y delimitan las funciones de los y las profesionales de la Psicología de la Educación en los centros educativos. También proponen un modelo aplicado de intervención preventiva adaptado al sistema educativo valenciano, en el marco del paradigma de la inclusión educativa.
Un contexto educativo marcado por el aumento del malestar psicológico
El trabajo parte de una constatación ampliamente documentada en la literatura científica reciente: el incremento de los problemas de salud psicológica en contextos educativos, especialmente, entre la población infanto-juvenil. Los autores señalan que las cifras de malestar emocional, conductas desajustadas y riesgo suicida han aumentado de forma significativa en los últimos años, convirtiendo la prevención en una prioridad ineludible para el sistema educativo.
En este sentido, el artículo recoge datos publicados por Save the Children, que muestran un incremento notable de la ansiedad y la depresión en la infancia y la adolescencia, indicando que la prevalencia de ansiedad o depresión pasó del 1,1% en 2017 al 4%, mientras que los problemas de conducta aumentaron del 2,5% al 6,9%. Save the Children subraya también el impacto de los factores socioeconómicos, ya que la prevalencia de problemas de salud psicológica es tres veces mayor en familias con rentas bajas (12,8%) que en aquellas con ingresos altos (2,6%).
Estos datos se ven reforzados por investigaciones recientes que evidencian la necesidad de intervenciones preventivas en etapas educativas tempranas ante problemáticas como la victimización sexual, el uso disfuncional de internet, los desajustes comportamentales, los estilos parentales inadecuados o el deterioro del clima del aula, todas ellas variables estrechamente relacionadas con el bienestar psicológico del alumnado.
Ausencia de un modelo único de prevención en el sistema educativo
A pesar del consenso generalizado sobre la importancia de la prevención, los autores del presente artículo destacan que, actualmente, no existe un modelo único de concepción ni de intervención preventiva en los centros educativos. Esta situación se explica, según los autores, por la coexistencia de diferentes visiones y misiones profesionales dentro de la Psicología aplicada, así como por las distintas aproximaciones académicas al concepto de salud psicológica.
En su texto, analizan de forma detallada los principales enfoques existentes —biológico, clínico-comportamental y psicoeducativo— y subraya que cada uno de ellos responde a niveles distintos de prevención (terciaria, secundaria o primaria). Sin embargo, advierten de que la aplicación de modelos clínico-sanitarios en el contexto educativo, sin una adaptación psicoeducativa adecuada, puede generar intervenciones descontextualizadas y poco eficaces desde el punto de vista preventivo.
Desde esta perspectiva, los autores defienden que la prevención primaria y secundaria de los problemas de salud psicológica en los centros educativos requiere una intervención específica, contextualizada y basada en factores protectores, que tenga en cuenta la interacción entre la persona y su entorno familiar, escolar y social.
El papel específico del psicólogo educativo en la prevención
Uno de los ejes centrales del trabajo es la delimitación clara de las funciones profesionales del psicólogo educativo frente a otros perfiles que conviven en el sistema, como los orientadores psicopedagógicos generalistas o los profesionales del ámbito clínico-sanitario. A este respecto, señala que la falta de especialización en la práctica educativa conduce a procesos de desprofesionalización y a una menor eficiencia en la atención preventiva.
En este sentido, los autores sostienen que el psicólogo educativo, con formación específica en Psicología de la Educación, está especialmente capacitado para intervenir en los niveles de prevención primaria y secundaria, mediante programas psicoeducativos basados en la evidencia, orientados a la regulación emocional, la gestión del estrés, la autorregulación del aprendizaje y la mejora del bienestar psicológico y educativo.
El artículo subraya que este perfil profesional permite abordar de forma temprana los factores de riesgo, reducir la aparición de problemas más graves y evitar derivaciones innecesarias a los servicios de salud mental, actualmente saturados, favoreciendo así una intervención más eficiente y contextualizada.
El caso del sistema educativo valenciano
El artículo dedica una parte sustancial a analizar la evolución del modelo de orientación educativa en la Comunidad Valenciana y sus consecuencias para la prevención de los problemas de salud psicológica. Los autores describen cómo los cambios normativos introducidos a partir de 2021, con la implantación del modelo de orientador por centro, han generado una figura generalista con funciones amplias, pero sin una regulación clara de las competencias profesionales necesarias.
Entre las consecuencias identificadas se encuentran el aumento de orientadores sin relación con la ratio de alumnado, la posibilidad de acceso a estos puestos por parte de profesionales sin formación específica en Psicología o Pedagogía, y la reducción de los gabinetes psicopedagógicos municipales que, durante décadas, habían desempeñado un papel relevante en la prevención y la intervención especializada.
Según los autores, esta situación ha contribuido a un deterioro de la prevención primaria y secundaria, al incremento de los problemas de salud psicológica en el alumnado y el profesorado, y a un aumento de las derivaciones a las unidades de salud mental infanto-juvenil, sin haber desarrollado previamente intervenciones preventivas adecuadas en el contexto educativo.
Propuesta de un modelo estructurado y especializado
Como respuesta a esta problemática, el artículo propone la adopción de un modelo similar al de desarrollo profesional médico, en el que convivan profesionales generalistas de entrada y especialistas con formación específica. En este esquema, el orientador psicopedagógico asumiría funciones generales, mientras que el psicólogo educativo desempeñaría un papel especializado en la prevención, evaluación e intervención en problemas de salud psicológica y bienestar educativo.
El artículo plantea la necesidad de una regulación normativa que delimite claramente las funciones profesionales, garantice la adecuación de las titulaciones de acceso y permita una organización eficiente de los recursos existentes, incluyendo la consolidación de redes de gabinetes psicopedagógicos municipales y la coordinación con los servicios sanitarios y sociales.
Conclusión
En conclusión, el trabajo de De la Fuente y Ollero pone de manifiesto que la adopción de un modelo común, integrado y basado en criterios científicos y profesionales para la prevención de los problemas de salud psicológica en los centros educativos supondría una clara ventaja frente al modelo actual. Esta propuesta permitiría mejorar la calidad de la intervención preventiva, optimizar los recursos disponibles y garantizar una atención más eficaz al bienestar psicológico y educativo de niños, niñas y adolescentes, reforzando el papel del psicólogo educativo como profesional clave en el sistema educativo.
Fuente: Infocop.es
