En las poblaciones afectadas por la dana, la demanda de apoyo psicológico no ha descendido, sino que ha cambiado

El grupo de psicólogos y psicólogas del COPCV del Programa de Dinamización Comunitaria lleva más de un año trabajando en las zonas dañadas. Los profesionales aseguran que hay diferentes velocidades de recuperación emocional y que su trabajo, desde la intervención social y comunitaria, persigue dotar y fortalecer los recursos y las redes de apoyo de las propias comunidades. Además, consideran que sigue siendo necesario mantener recursos psicológicos accesibles para la ciudadanía como este del COPCV.

Casi dos años después de la dana, los vecinos y vecinas de las poblaciones más afectadas muestran signos de recuperación física y emocional. Aun así, queda mucho por hacer tal y como corroboran los psicólogos y psicólogas del COPCV que desde marzo de 2025 están trabajando en los municipios, dentro del Proyecto de Dinamización Comunitaria del Col·legi y que actualmente está financiado por la Generalitat, a través de la Conselleria Sanitat. 

Son 14 profesionales de la Psicología de la Intervención Social que desarrollan su labor profesional en colaboración con los compañeros de servicios sociales de los ayuntamientos con el objetivo de detectar necesidades, prevenir y atender las demandas vitales, tanto a nivel individual como grupal. Y con esta visión comunitaria, también intervienen y forman a profesionales de la administración los cuales son víctimas, profesionales que siguieron ejerciendo su labor desde el primer momento de la tragedia y piezas clave en la recuperación al ser mediadores sociales.

Hoy, bajo la aparente normalidad y el ritmo del día a día, persisten heridas psicológicas y emocionales. Algunas porque tardan en cicatrizar y otras porque los niveles de afectación se disparan con el tiempo. En este contexto, las intervenciones y el acompañamiento psicológico se convierten en indispensables

Hablamos con Adrià Campos, coordinador de este Proyecto, y con Enoemia Díaz, psicóloga en Catarroja y Massanassa, y Marina Chartier, psicóloga en Aldaia, para que nos cuenten y detallen cuál es la evolución de su trabajo, la respuesta de las personas usuarias y las futuras acciones comunitarias que diseñan.

Les hemos planteado cuál es la situación psicológica y emocional actual de los vecinos y vecinas. Los tres, coinciden en que la destrucción material y el grado de afectación personal son diversos, que hay personas que han logrado integrar parcialmente la experiencia en su vida cotidiana, pero continúan afectadas porque “el impacto sigue presente, aunque ya no ocupa el primer plano de su día a día con la misma intensidad que en los primeros meses. En cambio, otras personas manifiestan ahora un malestar más intenso porque durante meses estuvieron centradas en resolver trámites, reconstruir sus vidas y atender necesidades urgentes, funcionando en un modo de supervivencia. Y en un momento en que estas demandas acaban, emerge con más fuerza el impacto emocional y toman conciencia de la necesidad de apoyo psicológico”, afirma Campos.

Y es que muchas, “continúan experimentando síntomas de ansiedad, tristeza, sensación de inseguridad, problemas de sueño o dificultades para retomar su vida cotidiana. También es frecuente encontrar procesos de duelo complejos, no solo por la pérdida de seres queridos, sino por la pérdida de viviendas, negocios, proyectos de vida o de la sensación de seguridad que existía antes del desastre”. Y como “la recuperación emocional suele ser mucho más lenta que la recuperación material, sigue siendo fundamental mantener recursos de apoyo psicológico accesibles para la población”, asegura a Marina Hernández.

De hecho, tal y como destaca Enoan Diaz, un elevado porcentaje de las personas que han recibido el apoyo de los compañeros y compañeras, aseguran que han descubierto el valor del acompañamiento psicológico.  “Muchos afirman que nunca imaginaron hasta qué punto la ayuda psicológica podía resultarles útil para gestionar pensamientos repetitivos, miedos, anticipaciones catastróficas o emociones difíciles de manejar en soledad”.

El coordinador del Proyecto concluye que actualmente,conviven realidades muy diversas: desde quienes han avanzado en la elaboración de la experiencia hasta quienes empiezan ahora a enfrentarse a las consecuencias traumáticas de lo vivido. Por ello, la evolución general es hacia mayor complejidad, no la de resolución. La fase inicial aguda ha pasado, pero las consecuencias psicológicas y comunitarias continúan presentes y toman diferentes formas”. Campos asegura que la demanda de apoyo psicológico no ha descendido, sino que ha cambiado. Hay menos crisis inmediatas, pero más trabajo elaborativo de pérdidas; de agotamiento emocional acumulado; de hacer frente a traumas o miedos al agua, a las tormentas o a los sótanos; también hay que realizar un trabajo destinado a la reconstrucción identitaria y comunitaria.

Profesionales que también fueron y son víctimas

La barrancada sacudió a una sociedad entera y es importante poner el foco en quienes desde el primer momento, así como días y meses después, organizaron, ofrecieron y mantuvieron una respuesta institucional. Nos referimos al personal sanitario, a cuerpos de seguridad, docentes, trabajadores municipales, etc. que vivieron una doble realidad: eran personas afectadas que “sin pausa y sin que nadie les preguntara cómo estaban”, siguieron trabajando, atendiendo a personas “alteradas, reactivas y con secuelas psicológicas visibles como la ansiedad”. Gestionar este sufrimiento mientras se afrontan problemas personales derivados de la propia dana ha supuesto una enorme carga emocional. De ahí, que las psicólogas se hayan encontrado con profesionales con síntomas de sobrecarga, burnout, fatiga por compasión, dificultades de concentración, alteraciones de la memoria e incluso temor constante a que vuelva a ocurrir algo similar. A ello se suma la dificultad para reconocer el propio malestar y que en determinados colectivos, existe la idea de que dejarse ver afectados puede “cuestionar su competencia profesional”.

Precisamente por eso y porque “no se puede cuidar bien desde el agotamiento”, una parte importante del trabajo desarrollado por el COPCV se ha dirigido al cuidado de quienes cuidan. Se han realizado acciones para trabajar el burnout, diseñado espacios de ventilación emocional, formación en prevención del suicidio, etc.

Dentro del enfoque comunitario, una de las iniciativas más recientes ha sido la formación en prevención del suicidio, dentro del programa V.I.D.A., dirigida a cuerpos policiales y otros agentes que mantienen contacto directo con la ciudadanía. “La Policía Local ocupa una posición privilegiada para identificar señales de alarma y activar recursos especializados antes de que la situación se agrave”, asevera la psicóloga de Aldaia. Suelen atender llamadas de crisis y están en contacto estrecho con una ciudadanía muy afectada por la catástrofe, son mediadores sociales y como tal, asegura Díaz, deben de poder “empatizar con la persona y en un momento dado, ofrecer acompañamiento y escucha”. Los diferentes cuerpos de policía se muestran satisfechos ya que con esta formación han obtenido nuevas estrategias y herramientas que les permiten ejercer mejor su trabajo.

Respecto al resto de intervenciones destinadas a la ciudadanía, cabe destacar que siempre se adaptan a las necesidades de cada municipio y que para confeccionar este traje a medida, los psicólogos se coordinan con los agentes locales porque el objetivo es dotar a cada comunidad de herramientas que le permita, a medio y largo plazo, “llevar su propio proceso de recuperación y fortalecimiento”, asegura el coordinador del Proyecto.

Tanto Diaz como Hernández explican que las acciones desarrolladas dentro del Proyecto están pensadas para que las personas puedan “retomar sus vidas con un enfoque integral” en el que el autocuidado ocupe un lugar destacado, y que, además, reviertan positivamente en la comunidad. Deseamos, comenta Díaz, que “la combinación de atenciones directas y de acciones preventivas permitan generar entornos protectores”.

Entre las iniciativas desarrolladas se encuentran programas de prevención del suicidio, grupos de apoyo emocional, actividades de psicoeducación para niños, adolescentes y adultos, acciones de estimulación cognitiva, intervenciones dirigidas a personas con problemas graves de salud mental, servicios especializados para profesionales en situación de desgaste emocional, o talleres de relajación y respiración como el de Paiporta llamado Espacio Comunitario de Bienestar y Calma.

La evidencia científica y la experiencia acumulada muestran que la detección precoz, la coordinación entre recursos y la capacitación de la comunidad constituyen algunas de las herramientas más eficaces para proteger la salud mental y el bienestar psicológico. Y esto es lo que están llevando a cabo las psicólogas y psicólogos del COPCV conocedores de que la recuperación de una catástrofe pasa por reconstruir vínculos, confianza y bienestar emocional.

 

Adrià Campos (CV16969),  Amparo Perales (CV02116), Aona Merlan (CV12107),  Carmen Hellin (CV02636), Claudia Figna (CV09344), Enoemia Diaz (CV10999), Fernanda Melo (CV13562), Jorge Rososzka (CV19312), Lorena Eslava (CV16222), Marina Hernández (CV15804), Mati Muñoz (CV05500), Sandra Orts (CV16234), Silvia Alexandru (CV18966), Vicent Soriano (CV00871) (por orden alfabético).

 

Información relacionada: 

El Consell colabora con el Colegio Oficial de Psicología en el desarrollo de intervenciones psicológicas de ámbito comunitario en los municipios afectados por la dana (26/11/26).



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