Entrevista a José Mª Peiró: «Pensar responsablemente sobre el futuro no es adivinar lo que pasará, sino plantear lo que queremos construir»
El presidente de la Academia de Psicología de España aborda los retos de la profesión ante la inteligencia artificial, las nuevas demandas sociales y la necesidad de reforzar la conexión entre investigación y práctica profesional.
Desde febrero de 2026, Peiró es presidente de la Academia de la Psicología de España (APE). Tras este nombramiento, en el COPCV hemos querido conversar con él para conocer la línea de actuación de la APE y acercarnos a sus reflexiones sobre la disciplina psicológica en un contexto como el actual, en el que los cambios sociales y económicos de producen a un ritmo vertiginoso dando lugar a nuevas situaciones, demandas y necesidades tanto dentro como fuera de la Psicología: las implicaciones del uso de la IA, el aumento de la demanda de psicólogos/as por parte de la ciudadanía, la necesidad de organizaciones saludables, la importancia de la autorrealización en el trabajo, etc.
- La irrupción de la inteligencia artificial está transformando la sociedad. ¿Qué uso puede tener para la Psicología y sus profesionales?
La irrupción de la IA es un fenómeno de amplio calado que no resulta fácil de calibrar en cuanto a su alcance y efectos. Las noticias recientes son alarmantes por las declaraciones de investigadores y desarrolladores que están en el frente de la investigación en las grandes empresas internacionales y que advierten de los peligros y de la potencial falta de control sobre actuaciones peligrosas de la IA.
En lo que se conoce, desde la aparición de las aplicaciones de LLM y otros similares con amplio uso en muchos ámbitos de la vida cotidiana y también académica, profesional, etc., es importante constatar sus implicaciones para los comportamientos de las personas y sus respuestas psicológicas y sociales. Todos esos cambios en los comportamientos, prácticas, usos y hábitos lógicamente generan nuevas demandas de asesoramiento y ayuda profesional de los psicólogos. Son de dominio común las alertas que se vienen haciendo desde distintas instancias sobre los peligros para los niños y jóvenes de un uso excesivo y sin preparación de las diferentes aplicaciones de la IA y de las redes sociales. Lo son también las consideraciones sobre su impacto en el empleo y los riesgos de que la IA pueda realizar actividades laborales muy diversas, de modo que incremente el desempleo y reemplace a trabajadores. Estos y otros muchos cambios tienen claras repercusiones sobre las demandas que las personas y las instituciones y organizaciones pueden plantear a los profesionales de la Psicología. Además, dado que las personas tienen acceso a mucha más información sobre las cuestiones psicológicas que les interesan o preocupan, puede variar la forma en que interactúan con los profesionales de la psicología, al contar con más información obtenida por ‘consultas’ más o menos acertadas apropiadas a la IA.
Por otra parte, es ya un hecho que diversas aplicaciones de la IA están incidiendo en la práctica profesional de los psicólogos en los diferentes ámbitos en los que nuestra profesión presta sus servicios. En ocasiones, dichas aplicaciones y sus ofertas son claramente inadecuadas e irresponsables, buscando sustituir la labor de los psicólogos y psicólogas sin una fundamentación y validez adecuadas. También las hay que aportan apoyos útiles para la práctica profesional, que pueden facilitarla y hacerla más eficaz. Se están abriendo nuevas formas y modelos de práctica con planteamientos y supuestos diferentes que sin duda van a suponer una competencia adicional a las formas y usos de las prácticas profesionales ya existentes. Es importante que los psicólogos y también la organización colegial presten atención a estas innovaciones, valorando sus fortalezas y también sus debilidades y peligros. En la próxima década, nuestra profesión va a seguir experimentando cambios importantes y es necesario obtener ventaja y valor al mismo que se identifiquen y prevengan los riesgos y peligros que pueden concitar.
El reto principal de la psicología en el mundo del trabajo y de las organizaciones es sin duda aportar valor para contribuir a que los trabajadores encuentren en su trabajo oportunidades de desarrollo, satisfacción y bienestar, con experiencias de autoeficacia y autorrealización, y las empresas obtengan contribuciones relevantes, valiosas y productivas de su personal. Además, todo ello se ha de desarrollar en entornos seguros, saludables y con un clima positivo para trabajadores y empresas, teniendo en cuenta también a los usuarios y otros grupos de interés de la empresa. Esta aspiración, sin duda ambiciosa, es posible al menos en parte, en la medida en que los profesionales plantean unos servicios de calidad y basados en la evidencia científica y en la buena práctica profesional.
Por lo general, al plantear retos para la psicología desde el mundo del trabajo en los tiempos que corren, se insiste en la construcción de organizaciones saludables, prestando especial atención a la salud mental. También se insiste en el bienestar en el trabajo y por el trabajo. Sin duda, esos son retos importantes; sin embargo, me parece que atender a la cualificación de los trabajadores, al desarrollo de sus competencias, no solo las específicas del puesto o profesión, sino también las transversales y otras relevantes, es algo fundamental. También lo es el rediseño de puestos, procesos y contexto de trabajo, de forma que optimicen el adecuado ajuste dinámico entre trabajo y trabajador, en habilidades y competencias y en actitudes y perfiles de personalidad. Además, habida cuenta del dinamismo en los cambios en el trabajo, es fundamental la flexibilidad y la capacidad de los trabajadores y las empresas de ‘aprender-a-aprender’. Las organizaciones no puede ser solo ámbitos o lugares saludables, han de crear las condiciones para que las personas se realicen en su trabajo ayudándoles a manifestar y poner en juego las competencias valiosas para que contribuyan a los fines de la organización y también a sus legítimas aspiraciones de dignidad y desarrollo personal y profesional. La Carta de Ottawa (1986) ha descrito la salud como "la capacidad de realizar las propias aspiraciones, satisfacer las necesidades y adaptarse al entorno". Desde este enfoque, la salud en el trabajo ha de atender a crear las condiciones para que esa capacidad se pueda actualizar y poner en juego.
La psicología en las empresas ha de contribuir con una actividad profesional basada en la teoría científica y en la evidencia empírica a que los trabajadores realicen sus aspiraciones, satisfagan necesidades y se adapten al entorno, y con ello contribuyan a la productividad y desarrollo de la empresa. El psicólogo ha de contribuir a la creación y diseño de sistemas organizativos que hagan eso posible de forma sostenible para la propia empresa, siendo competitiva, eficaz y productiva. Todo esto, además, en un entorno cambiante y con frecuencia de forma rápida. Ello va a requerir de los profesionales de la psicología, capacidad innovadora, creativa, adaptativa y de actualización y formación constante incluso revisando los propios supuestos y paradigmas de evaluación, intervención y valoración de las intervenciones. No se trata de ‘objetivos diana’ que se alcanzan de una vez por todas, son más bien ‘objetivos estrella polar’ que, aunque no se alcancen del todo, guían el trabajo y los progresos de nuestra profesión.
Es importante señalar que el desarrollo de la psicología en España en las últimas décadas ha sido excepcional en muchos aspectos. Entre ellos en la investigación, el desempeño profesional, la docencia y la divulgación social de la cultura psicológica. Hace veinte o treinta años era imposible vislumbrar los niveles alcanzados en cuanto al volumen de los psicólogos, la amplitud de los ámbitos disciplinares de investigación y los campos en los que los psicólogos desarrollan su actividad profesional.
Ahora tenemos nuevos retos: los desarrollos tecnológicos, en especial los de la inteligencia artificial, están transformando las demandas y la oferta de servicios y, con ello, la profesión. Las transformaciones sociales y las desigualdades que con frecuencia introducen junto con el incremento social de la demanda sentida de los servicios psicológicos plantean a la nuestra disciplina y profesión el reto de plantear nuevos paradigmas y modelos de intervención. La diversidad demográfica y social creciente requiere la elaboración de estrategias cada vez más complejas y sofisticadas que contemplen y den respuesta a esa multiplicidad y cada vez mayor diversidad de demandas.
No resulta fácil vislumbrar el escenario futuro dentro de diez años, pero las tendencias que observamos sugieren que la psicología tendrá que prestar más atención a las intervenciones basadas en el diseño y que atiendan de manera más eficaz a las nuevas demandasen volúmenes apropiados. Ello va a requerir una mayor colaboración e interrelación entre la investigación, especialmente aplicada, y la práctica profesional. Por otra parte, la complejidad de las problemáticas y su carácter multinivel van a requerir un abordaje que contemple tanto aproximaciones individuales como colectivas, grupales, organizativas y comunitarias y a las relaciones entre los diferentes niveles de actuación.
Además, en una aproximación de intervenciones basadas en el diseño, el papel de los psicólogos no se limitará a la parte operativa de la intervención, sino que cobrará mayor importancia (probablemente crítica) su actuación en la definición de las demandas y las necesidades, en la identificación de los grupos de interés, y en el análisis de la evidencia científica y profesional disponible. A partir de esos inputs, la labor primordial del psicólogo tendrá que centrarse en el diseño de intervenciones, por lo general multinivel y en los planteamientos necesario para su evaluación, de las aplicaciones piloto, y también de las que se lleven a cabo en su realización en la fase de escalamiento.
Todas estas cuestiones van a requerir que se fortalezca el impacto de la psicología sobre las políticas sociales y comunitarias. La contribución de la psicología a la sociedad ha de ampliarse, buscando una mayor visibilidad y puesta en valor de los descubrimientos y hallazgos de la investigación psicológica y de sus modelos de intervención en los diferentes campos profesionales de la disciplina.
Por supuesto, todos estos cambios que ya se van viendo actualmente y que necesitan ampliarse e ir consolidándose, van a requerir un giro y replanteamiento importante en la formación de los psicólogos en todos sus niveles: en el grado y postgrados, en la formación investigadora y en el desarrollo profesional continuo. Esos cambios lo han de ser en las temáticas y contenidos y también en las formas en que se enseñan y se practica, bajo la supervisión de profesionales experimentados. Además, han de plantearse considerando los inputs relevantes para esa formación (los avances disciplinares, en teoría, conocimiento empírico y tecnología) y también los outputs, o resultados relevantes que se pretenden en la formación. Esos resultados han de incluir las competencias, habilidades y actitudes que han de tener los profesionales para desempeñar adecuadamente su profesión. Por último, la formación ha de considerar unos procesos de aprendizaje-enseñanza que posibiliten tanto la formación y aprendizaje de los contenidos derivados de los “inputs” como los requeridos por los outputs.
En realidad, responder a esta pregunta hubiera sido más fácil si me hubiera acogido a la fórmula de Valle Inclán que cuando le preguntaban sobre el teatro del futuro respondía “si lo supiera ya lo estaría escribiendo”. Efectivamente, no tengo claro cómo será la psicología de dentro de diez años, pero tengo la impresión de que algo de ello lo estamos escribiendo ya… Puede que haya transformaciones inesperadas y cambios radicales que replanteen muchas cosas, pero pensar responsablemente sobre el futuro no es un ejercicio para adivinar lo que pasará, sino para ir planteando, con un análisis concienzudo y lo más riguroso posible, lo que “queríamos que pase” o, mejor, lo que queremos construir. Vamos a seguir entre todos, esa labor que es la base para construir nuestro futuro en lo que esté en nuestras manos.
Recuerdo cuando empezábamos como psicólogos, a finales de los 70 del siglo pasado, en los tiempos en que se creaba el Colegio, que teníamos una gran ilusión por mostrar que la psicología era muy útil para la sociedad. Teníamos muy pocos recursos, las bibliotecas tenían muchos menos libros y revistas, por supuesto en papel, y estaba poco disponible la tradición y experiencia profesional de los pocos profesionales que ya practicaban la psicología. Ahora bien, había una gran ilusión por demostrar que podíamos contribuir a mejorar la calidad de vida de las personas, grupos y comunidades, desde el convencimiento de que la psicología era necesaria. La salida de las primeras promociones fue generando lo que a veces he llamado “presión de oferta psicológica” para incrementar la conciencia de la demanda de la psicología en la época en que se iniciaba la democracia y se daban pasos para ir desarrollando el Estado del bienestar.
Ahora los tiempos han cambiado, hay muchas más oportunidades de formación, más puestos de trabajo en las administraciones públicas -aunque muchos menos de los que son necesarios- muchos más recursos profesionales y también más oportunidades si se buscan y se construyen. Ahora bien, hace falta la misma o más ilusión de los nuevos profesionales. Mi sugerencia en este nuevo contexto sería estar muy atento a las nuevas demandas y necesidades y seguir trabajando con ilusión y convencimiento de que la psicología tiene capacidad para contribuir a mejorar nuestra sociedad promoviendo la salud y bienestar integral de las personas. Es decir, fortalecer y promover su “capacidad de realizar las propias aspiraciones, satisfacer las necesidades y adaptarse al entorno” fortaleciendo sus competencias y su desarrollo profesional y personal. Entendemos que de ese modo se potencia su autorrealización y bienestar eudaimónico y hedónico.

