Más allá de la prohibición: educación y modelos familiares en el uso de redes sociales

Ante el anuncio por parte del Gobierno de prohibir el acceso y uso a redes sociales a menores de 16 años, hablamos con los colegiados Abel Baquero y Consuelo Tomás para conocer su valoración profesional.

Desde que el presidente del Gobierno anunciara en el World Governments Summit celebrado en Dubai, varias medidas para regular el universo de las redes sociales entre las que se encuentra la prohibición de uso por parte de menores de 16 años, varias voces de la escena pública, así como expertos y expertas, han dado a conocer sus valoraciones.

En la nota de prensa emitida por Moncloa se afirma que esta regulación va destinada a “hacer frente a los abusos de las grandes plataformas digitales y garantizar un entorno digital seguro, democrático y respetuoso con los derechos fundamentales” ya que, en palabras de Sánchez, en las redes sociales "las leyes se ignoran y los delitos se toleran" afectando especialmente a los menores que, además, son los que más las usan.

El 67% de los niños y adolescentes españoles, usa las RRSS todos los días, el 17,8% casi nunca o nunca las usa, y un 10,8% lo hace alguna vez a la semana. Cifras que muestran “su importancia en la vida cotidiana y la tendencia de un uso mayoritario diario, en contraste con una minoría que apenas las emplea” (Informe Infancia, Adolescencia y Pantallas. Hábitos de uso y factores psicológicos. Observatorio Español de la Salud Mental Infanto-Juvenil de la UMH)

La mayoría de las investigaciones sitúan el inicio del acceso a éstas a los entre los 8 y 10 años, y a partir de los 12 o 13, se observa un incremento elevado y diversificación en su uso. Aunque Internet y las redes sociales también pueden aportar beneficios para los menores “haciendo más atractivo el aprendizaje, facilitando la socialización o estimular la creatividad”, entre otros, conviene señalar que existen “riesgos significativos”, según el ‘Estudio sobre el uso de redes sociales por parte de menores en España’. Este documento revela que “muchos menores valoran las redes por su capacidad de entretenimiento, que el 29% admite sentirse enganchada”, que las adolescentes muestran mayor influencia de las redes en su autoestima, el ciberacoso, etc.

Hemos trasladado este asunto a los colegiados Abel Baquero, psicólogo especialista en Patología Dual, responsable del Grupo de Trabajo en Conductas Adictivas del COPCV-Castellón, y Consuelo Tomás, psicóloga responsable del Instituto Valenciano de Ludopatía y Adicciones no Tóxicas.

Ambos coinciden en que prohibir no suele ser la mejor opción, aparentemente puede facilitar la misión familiar pero lo ideal es que tanto padres, madres como menores, reciban educación emocional, alfabetización en nuevas tecnologías y existan una comunicación fluida entre padres e hijos ya que estos serán los pilares que permitan asentar las bases de un joven y adulto con capacidad crítica, visión propia y reflexiva.

Es cierto que esta norma ayudaría a regular, pero se distancia de la intervención más eficaz: educación y autoconocimiento, conceptos como identidad, respeto, autoestima, educar, prevenir y escuchar”, comenta Baquero. A Tomás, le preocupa especialmente que ante esta prohibición, el tiempo y el uso o abuso se traslade a, por ejemplo, a los videojuegos.

Preguntados por la barrera de los 16 años, la psicóloga explica que es importante saber que el córtex prefrontal, un área del cerebro que se encarga de la regulación de la conducta voluntaria, de planificar, de organizar acciones y de valorar las consecuencias, a los 12-13 años todavía se está desarrollando. “Por tanto, lo que sucede es que hay poco control inhibitorio y el cerebro está prácticamente indefenso ante el diseño tan persuasivo que tienen las app. Además, en la adolescencia temprana el sistema de recompensa del cerebro está muy muy activo y las redes sociales, que lo saben, están diseñadas para explotar este sistema de recompensa tan hiperactivo. De ahí el diseño de los refuerzos variables como pueden ser los likes o las notificaciones”.

La realidad es que Internet y las RRSS forman parte de nuestro día a día, nos hacen sentir conectados a niveles que hace décadas era impensable y más para las generaciones que han nacido en este contexto. Por ello, intentar desvincularlos o restringir su uso resulta complicado. No acceder a este “escenario virtualizado”, como tilda Baquero, puede llevarnos a sentirnos aislados, y en casos extremos como indica la psicóloga experta en adicciones, a sentir incluso miedo a perderse lo que sucede. Es lo que se conoce como FOMO (Fear Of Missing Out) y propicia “un estado de alerta constante que dificulta el descanso real y a su vez, la regulación emocional.

 

Dar ejemplo mejor que prohibir

Habrá que ver cómo se concretan y desarrollan las medidas del Gobierno porque la prohibición “debería de ir acompañada de muchas acciones y los psicólogos tenemos mucho que aportar en este tema. Me llama la atención - comenta el psicólogo- que no se mencionan las alternativas a esta restricción. Se deberían de ofertar espacios de ocio saludable, actividades transversales en centros educativos…y añade que hay que entender a los adolescentes, no desde el punto de vista prohibitivo, ni punitivo sino como personas en construcción con necesidad de modelos y de seguridad”. Y los modelos de referencia son los familiares por eso, ambos expertos indican que los adultos, además de establecer, consensuar y supervisar el contenido que sus hijos consumen en redes sociales, deben de dar ejemplo.Cómo regulo yo que mi hijo no use una red social cuando yo como padre estoy gran parte de mi tiempo usándolas”. Otra cuestión que plantea la Tomás es que precisamente, para algunos padres, los dispositivos móviles son la opción que les permiten realizar tareas o descansar mientras que los niños y adolescentes están entretenidos.

En cualquier caso, y para concluir, los psicólogos aseguran que las aportaciones del contacto presencial nunca se pueden sustituir por las redes sociales, que prohibir su uso a menores de 16 años puede hacer que las familias estén más relajadas pero siempre debe haber un control y responsabilidad parental, que deben de promover la comunicación con sus hijos y realizar una escucha activa ya que todo ello, fomentará una autoestima basada en valores internos más allá de los likes y una visión crítica.



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