Día Mundial de los cuidados paliativos 2026: vivir con sentido, mantener los vínculos y morir con dignidad
La atención psicológica es esencial para aliviar el sufrimiento y mejorar la calidad de vida tanto de pacientes como de familiares y personas cuidadoras dada la elevada carga emocional que afrontan y la incertidumbre sobre la evolución.
El dolor, la ansiedad, la depresión, el miedo a la muerte, la pérdida de autonomía, los cambios en la identidad y los roles, la incertidumbre o la preocupación por convertirse en una carga para los seres queridos forman parte de las múltiples necesidades que pueden aparecer ante una enfermedad avanzada. Atender este sufrimiento requiere una respuesta que vaya más allá del control de los síntomas físicos e incorpore de forma sistemática las dimensiones psicológica, social y espiritual, tanto de la persona enferma como de sus familiares y cuidadores/as.
En este contexto, la evidencia disponible sitúa a los y las profesionales de la Psicología como integrantes fundamentales de los equipos de cuidados paliativos, con funciones que abarcan desde la evaluación y el tratamiento del malestar emocional hasta el apoyo en la toma de decisiones, la comunicación, el duelo y el abordaje del sufrimiento existencial (Abramson, 2022b; APA, 2026; Covalciuk, 2024; Feldstain, 2024; Thompson, 2013; von Blanckenburg & Leppin, 2018).
Esta necesidad adquiere especial relevancia con motivo del Día Mundial de los Cuidados Paliativos, celebrado el pasado sábado, 10 de octubre. La conmemoración, promovida internacionalmente para sensibilizar sobre el derecho a recibir estos cuidados, pone este año el foco en el manejo del dolor como parte esencial de la atención paliativa. Una cuestión que no puede entenderse únicamente desde una perspectiva física: la experiencia del dolor se encuentra estrechamente relacionada con factores emocionales, sociales y existenciales, lo que refuerza la necesidad de una atención integral e interdisciplinar (WHPCA, 2026).
Los cuidados paliativos van mucho más allá de los últimos días de vida
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), los cuidados paliativos mejoran la calidad de vida de las personas adultas y menores y de sus familias cuando afrontan los problemas asociados a una enfermedad potencialmente mortal, mediante la prevención y el alivio del sufrimiento, la identificación temprana y la correcta evaluación y tratamiento del dolor y de otros problemas físicos, psicológicos, sociales o espirituales. Asimismo, la OMS recuerda que deben introducirse de forma temprana y no limitarse a los últimos momentos de la vida (WHO, 2020).
Las estimaciones internacionales más recientes utilizadas por la Organización Mundial sitúan en 56,8 millones las personas que necesitan cuidados paliativos cada año, 25,7 millones de ellas durante su último año de vida. Sin embargo, solo una pequeña proporción accede a ellos. Alrededor del 14% de quienes necesitan esta atención la reciben, y persisten importantes barreras relacionadas con las políticas sanitarias, la formación profesional y el acceso a tratamientos adecuados para aliviar el dolor (OMS, 2020).
Este enfoque implica, además, abandonar la asociación automática entre cuidados paliativos y muerte inminente. La atención puede comenzar desde etapas tempranas de una enfermedad grave y coexistir con tratamientos dirigidos a la propia enfermedad, adaptándose progresivamente a las necesidades y preferencias de la persona (Gravier et al., 2019; APA, 2026). La Asociación Americana de Psicología (APA) insiste precisamente en esta concepción amplia, que incluye planificación anticipada de cuidados, atención al final de la vida y apoyo a familiares y cuidadores/as durante el duelo (APA, 2026).
La familia y los cuidadores también necesitan atención
La unidad de atención en cuidados paliativos no termina en el/la paciente. La enfermedad avanzada puede generar una elevada carga emocional en familiares y cuidadores/as, que afrontan simultáneamente el cuidado, la incertidumbre sobre la evolución, cambios en los roles familiares, el temor a la pérdida y, posteriormente, el duelo (AECC, 2022; Covalciuk, 2024; Sultana et al., 2021; Amorós et al., 2026).
La investigación reciente muestra niveles importantes de malestar psicológico, ansiedad y depresión entre cuidadores/as informales, junto con necesidades de información, apoyo y acompañamiento (Hwang et al., 2025; Ullrich et al., 2025). La literatura señala, asimismo, que reforzar los recursos personales y familiares y favorecer el bienestar psicológico puede contribuir a una mejor adaptación al proceso (Covalciuk, 2024; von Blanckenburg & Leppin, 2018; Amorós et al., 2026).
La Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) advierte en un informe, precisamente, de la escasez de programas estructurados de educación sanitaria, apoyo psicológico y atención al duelo antes y después del fallecimiento. También alerta de que algunas personas llegan al final de la vida sin haber recibido atención psicológica, social o espiritual, lo que puede incrementar el impacto emocional y social de la enfermedad (AECC, 2022).
El acompañamiento psicológico, por tanto, continúa también después de la muerte cuando es necesario, ayudando a prevenir, detectar y abordar las dificultades asociadas a procesos de duelo particularmente complejos (AECC, 2022; APA, 2026; Covalciuk, 2024; Wu et al., 2025; Amorós et al., 2026).
Las barreras para recibir una atención verdaderamente integral
A pesar de este reconocimiento, persisten importantes dificultades para incorporar de manera eficaz y efectiva la atención psicológica (AECC, 2022; APA, 2026).
Entre ellas se encuentran la insuficiente presencia de profesionales de la Psicología en los equipos, las desigualdades territoriales, la falta de formación específica, la escasez de recursos y la persistencia de una visión de los cuidados paliativos centrada fundamentalmente en las necesidades físicas (O’Malley et al., 2021; Sousa et al., 2026). La propia APA reconoce que la integración de psicólogos y psicólogas continúa siendo insuficiente y reclama ampliar la formación, la investigación y su incorporación a los equipos interdisciplinarios (APA, 2026).
En España también se han señalado problemas de cobertura y desigualdad territorial. El informe de la AECC describe una estructura heterogénea entre comunidades autónomas y áreas sanitarias y diferencia entre equipos básicos, integrados fundamentalmente por Medicina y Enfermería, y equipos completos, que incorporan también Psicología y Trabajo Social. La falta de estos/as profesionales obliga en algunos lugares a recurrir a acuerdos con entidades externas para proporcionar atención psicológica y social (AECC, 2022).
A estas barreras asistenciales se suma el desconocimiento social sobre qué son realmente los cuidados paliativos, cuándo pueden solicitarse y qué prestaciones incluyen, una cuestión sobre la que vienen alertando tanto organizaciones profesionales como entidades de pacientes (Para ti paliativos, 2024).
Un abordaje multidisciplinar para un sufrimiento multidimensional
La complejidad de las necesidades paliativas explica por qué el abordaje debe ser interdisciplinar. Medicina y Enfermería resultan imprescindibles para el tratamiento de síntomas y las necesidades clínicas, pero el sufrimiento asociado a una enfermedad grave puede tener dimensiones psicológicas, familiares, sociales, espirituales y éticas que requieren competencias profesionales complementarias (AECC, 2022; APA, 2026; Covalciuk, 2024; OMS, 2020; Reidy et al., 2026).
El propio concepto contemporáneo de cuidados paliativos parte de esa atención integral. La OMS señala que los programas deben trabajar en equipo y prestar apoyo tanto a pacientes como a quienes les cuidan, incluyendo las necesidades prácticas y el apoyo durante el duelo (OMS, 2020).
Además, la dimensión psicológica puede interactuar con la sintomatología física. El malestar emocional puede dificultar el manejo del dolor, la disnea, las náuseas u otros síntomas, mientras que el deterioro físico puede incrementar la ansiedad, la desesperanza o la sensación de pérdida de control (Strachan, Finucane & Spiller, 2018; von Blanckenburg & Leppin, 2018).
Precisamente por ello, el trabajo psicológico no constituye un complemento accesorio al tratamiento médico, sino una de las dimensiones de una atención paliativa integral centrada en la persona (AECC, 2022; APA, 2026; OMS, 2020).
La Psicología debe estar presente también en los cuidados paliativos pediátricos
Las necesidades psicológicas adquieren características específicas cuando la enfermedad grave afecta a niños, niñas y adolescentes. Los cuidados paliativos pediátricos implican situaciones complejas en las que convergen necesidades físicas, emocionales, sociales y espirituales tanto del o de la menor, como de su familia. La atención debe adaptarse al desarrollo evolutivo y considerar simultáneamente al/la menor, progenitores, hermanos/as y otras figuras significativas (Aidoo & Rajapakse, 2018; Grupo de trabajo de la Guía de Práctica Clínica sobre Cuidados Paliativos en Pediatría, 2022; AECC, 2022; Rosa et al., 2026; García Gil, 2026).
La Psicología desempeña aquí funciones relacionadas con la comunicación y comprensión de la enfermedad, el miedo y la ansiedad, la expresión emocional, la adaptación familiar, la toma de decisiones y el duelo, además de facilitar que el niño, la niña o adolescente pueda participar de manera apropiada a su edad y capacidad en cuestiones que afectan a su atención (Grupo de trabajo de la Guía de Práctica Clínica sobre Cuidados Paliativos en Pediatría, 2022; AECC, 2022; García Gil, 2026).
La propia APA recomienda que los/as psicólogos/as que trabajan con menores con enfermedades graves o limitantes para la vida reciban formación específica sobre los aspectos éticos y evolutivos de la toma de decisiones (APA, 2026).
España avanza hacia una concepción más integral de los cuidados paliativos
Todos estos elementos adquieren una relevancia especial en nuestro país tras la aprobación de la Estrategia de Cuidados Paliativos 2026-2030 del Sistema Nacional de Salud, acordada por el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud (CISNS) y publicada este año por el Ministerio de Sanidad (Ministerio de Sanidad, 2026).
El nuevo marco supone un cambio relevante al reforzar los cuidados paliativos como un derecho de las personas independientemente de su patología o lugar de residencia, ampliar la atención más allá de una concepción restringida a la fase terminal y apostar por una identificación más temprana de las necesidades paliativas. En su elaboración han participado las comunidades autónomas y un comité técnico integrado por especialistas, entre ellos/as psicólogos/as clínicos/as y psicólogos/as generales sanitarios/as (Ministerio de Sanidad, 2026; Infocop, 2026b).
Se establece la necesidad de garantizar una atención continuada las 24 horas del día, los 365 días del año, con el objetivo de evitar ingresos innecesarios en servicios de urgencias y mejorar la calidad de la atención.
La Estrategia reconoce, además, la atención psicológica como un componente esencial de la atención paliativa, en coherencia con un modelo centrado en las necesidades físicas, psicológicas, sociales y espirituales de pacientes y familias (Ministerio de Sanidad, 2026).
Reforzar los recursos y la atención psicológica, retos pendientes en cuidados paliativos
Esta orientación responde a algunas de las carencias que durante años han señalado organizaciones profesionales y entidades de pacientes. El informe de la AECC reclama incrementar los recursos específicos de cuidados paliativos hospitalarios y domiciliarios y reforzarlos con profesionales de la Psicología y del Trabajo Social, impulsar el trabajo multi e interdisciplinar, garantizar atención específica las 24 horas del día y los siete días de la semana y asegurar la atención al duelo como continuidad del cuidado de la familia (AECC, 2022).
La evidencia científica y las recomendaciones nacionales e internacionales convergen, por tanto, en una misma dirección: aliviar el sufrimiento al final de la vida requiere atender tanto el dolor físico como el psicológico. Garantizar cuidados paliativos verdaderamente integrales implica detectar precozmente el malestar emocional, ofrecer intervenciones psicológicas adaptadas y basadas en la evidencia, acompañar a las familias y dotar a los equipos de profesionales de la Psicología con formación específica. No se trata únicamente de acompañar a morir, sino de ayudar a vivir con la mayor calidad de vida, dignidad, autonomía y sentido posibles durante todo el proceso de enfermedad (AECC, 2022; APA, 2026; OMS, 2020; von Blanckenburg & Leppin, 2018).



