Desde hace años, se habla cada vez más de las ‘sombras’ del embarazo y de la maternidad. Durante décadas, la narrativa predominante era la de la felicidad y el disfrute pleno invisibilizando experiencias complicadas o no en línea con las expectativas.
El Día Mundial de la Salud Mental Materna, que se conmemora el primer miércoles de mayo, fue impulsado por la Maternal Mental Health Alliance con el objetivo de sensibilizar, reducir el estigma y promover políticas públicas eficaces. Organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud también subrayan la importancia de abordar la Salud Mental perinatal como una prioridad de salud pública.
Hablar de Salud Mental no implica únicamente abordar los problemas y trastornos mentales, sino que hay que entender el bienestar de manera integral. Identificar los problemas, extraer la prevalencia de mujeres que los padecen y saber en qué momento surgen, es la clave para destinar los recursos económicos y profesionales y obtener resultados eficaces.
El reto hoy es encontrar el equilibrio para hablar tanto de los aspectos positivos como de los negativos en el periodo perinatal el cual va desde el embarazo hasta el primer año tras el parto ya que en este espacio de tiempo las madres experimentan cambios físicos, psicológicos y hormonales que le permiten ir adaptándose poco a poco a su nueva situación pero que impactan en ella y en las personas más cercanas.
Tal y como se expone en el artículo publicado hoy en
infocop.es, los cambios en la vida que supone el embarazo y el inicio de los cuidados del bebé constituyen un momento de gran vulnerabilidad para el desarrollo de problemas de salud mental. Estos problemas de salud mental, a su vez, pueden repercutir en la salud física de la mujer durante el embarazo y en la
calidad de los cuidados y atención prestadas hacia el bebé tras el parto, afectando al desarrollo físico, cognitivo y emocional de su hijo o hija, especialmente, en los primeros años de vida.
La prevención, como en otros ámbitos de la salud mental, es fundamental. Esto implica no solo detección precoz y acceso a las intervenciones que sean necesarias, sino también acompañamiento emocional, redes de apoyo, conciliación laboral real y una atención sanitaria que contemple a la mujer de forma integral.
Promover una maternidad informada, acompañada y libre de estigmas mejora la salud de las madres y el desarrollo de sus hijos/as así como el entorno familiar.
Problemas de salud mental perinatal:
• En todo el mundo, hasta 1 de cada 5 mujeres experimenta algún tipo de trastorno del estado de ánimo y de ansiedad perinatal. Las estadísticas varían según el país, pero se trata de un problema mundial. Los problemas de salud mental materna incluyen la depresión posparto, la ansiedad posparto, el trastorno obsesivo compulsivo posparto, el trastorno bipolar posparto y la psicosis posparto. Estas problemáticas suelen pasar desapercibidas y sin tratamiento, a menudo, y pueden tener un impacto negativo en la vida diaria de la madre, afectando a su relación de pareja y reduciendo su capacidad para cuidar del o de la bebé.
• Se calcula que 7 de cada 10 mujeres ocultan o minimizan sus síntomas. Sin comprensión, apoyo y tratamiento, estos problemas de salud mental tienen un impacto devastador en las mujeres afectadas y en sus parejas y familias.
• Los trastornos del estado del ánimo perinatales afectan a toda la familia. De hecho, aproximadamente, 1 de cada 10 padres desarrolla una depresión durante este período. Un enfoque integrado de la salud mental de la familia permite que ambos padres puedan superar el período posparto como una unidad familiar próspera.
• Se estima que entre el 20 y el 25% de los embarazos acaban en aborto espontáneo o muerte fetal. Además del duelo por la pérdida, muchas de estas mujeres sufren también depresión posparto. De igual modo, dar a luz a un niño prematuro, o tener un hijo que pase mucho tiempo en una Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales, son situaciones que pueden afectar a la salud mental de la madre.
¿Qué puede hacer la sociedad? Pautas útiles
• Hablar de salud mental materna no es solo responsabilidad del sistema sanitario: implica a toda la sociedad. Generar entornos más comprensivos, informados y sostenibles puede marcar una diferencia real en la vida de las mujeres y sus familias.
• En primer lugar, es clave normalizar la conversación sobre el embarazo y el posparto desde una perspectiva realista. Reconocer que pueden coexistir emociones positivas y negativas ayuda a reducir el estigma y facilita que más mujeres pidan ayuda sin miedo a ser juzgadas.
• También es fundamental escuchar sin minimizar ni juzgar. Comentarios bienintencionados como “disfrútalo, que pasa rápido” o “todas hemos pasado por eso” pueden invalidar experiencias individuales. La escucha activa y empática es una herramienta poderosa de apoyo.
• Desde el entorno cercano, conviene ofrecer ayuda práctica concreta: acompañar a consultas, colaborar en tareas domésticas o facilitar momentos de descanso. El apoyo cotidiano reduce la sobrecarga y actúa como factor protector frente a problemas como la depresión posparto o la ansiedad perinatal.
• A nivel laboral, las organizaciones pueden contribuir promoviendo medidas reales de conciliación, flexibilidad y entornos libres de estigma. La reincorporación al trabajo es un momento especialmente sensible y requiere comprensión y adaptación.
• En el ámbito institucional, es necesario invertir en prevención y detección precoz, formar a profesionales y garantizar el acceso a recursos especializados en salud mental perinatal. Organismos como la Organización Mundial de la Salud insisten en que estas intervenciones tienen un alto impacto social y económico.
• Por último, como sociedad, es importante cuidar también a quienes cuidan. Las parejas, familias y redes de apoyo necesitan información y herramientas para acompañar sin sobrecargarse, favoreciendo así un entorno más saludable para todos.
• Construir una cultura que entienda, sostenga y acompañe la maternidad en toda su complejidad no es solo deseable, sino necesario.